Siguen esperando su día de suerte

Desde el 21 de noviembre las fuerzas extremistas de la llamada izquierda continúan desesperadas por desestabilizar el gobierno, impulsando “asambleas ciudadanas, populares y sociales en los barrios”, aunque por lo visto esas convocatorias van desfalleciendo y ya la población está en modo Navidad, total de que no creemos que haya movilizaciones importantes a partir de mediados de diciembre, además Gustavo Petro anuncia que el movimiento seguirá para el otro año, como si él fuera el “maestro de la protesta social”, suplantando a las organizaciones sociales y sindicales; con esto queda demostrado que los mamertos siguen esperando su día de suerte para materializar la conspiración.

De acuerdo a la anterior consideración, es un artificio marxista confundir la lucha social que es inherente a los seres humanos con la lucha de clases, que es un sofisma del comunismo totalitario para crear una asimetría maquiavélica y así confundir a las personas y sembrar el odio buscando satisfacer sus apetitos burocráticos. El “sindicalismo clasista” es una invención para vender la idea de que la doctrina de los trabajadores como por arte de magia es la marxista, lo que constituye un exabrupto que ofende la democracia, la independencia y el pluralismo, que son los pilares del movimiento de los trabajadores.

Porque las contradicciones entre el capital y el trabajo con las que se desgañitan los miembros de la grupería mamerta, recibió un fuerte golpe hace mas de 42 años, cuando el partido comunista chino se alió con las grandes transnacionales especialmente las norteamericanas, para desarrollar una gran producción manufacturera en el país asiático, lo que tiró por la borda la tan cacareada contradicción, ya que la esencia del marxismo es tener la hegemonía en el poder político sin importar el precio, por eso Zhou Enlai y después Deng Xiaoping, líderes chinos, supieron discernir que la economía centralizada y estatista eran un fracaso y tomaron el camino de la economía de mercado, lo que deja sin argumentos a aquellos que todavía insisten en la discordancia entre el capital y el trabajo.

Así que los dogmas económicos y políticos que siguen utilizando los comunistas en Colombia del señor Karl Marx, quedan desvirtuados con lo sucedido en la China y en otras partes del mundo, porque es el colmo de la terquedad que una doctrina que desde sus comienzos en el siglo XlX, fue repudiada por los trabajadores, pero que mediante la mentira y la violencia se tomó gobiernos en algunos países de la tierra en el siglo pasado, fracasando estruendosamente con la caída del muro de Berlín y la debacle de la Urss, y todavía los seguidores de esa doctrina de manera supersticiosa insistan en un sistema que para lo único que sirve es para montar camarillas genocidas y burocráticas que envilecen a los pueblos mediante el crimen y la tortura, como ocurre en Cuba, Venezuela y Nicaragua.

El “sindicalismo clasista” que tanto promocionan las fuerzas totalitarias marxistas y que pretende ser vanguardia de las movilizaciones nacionales, no es más que una entelequia que procura convertir al movimiento de los trabajadores en correa de transmisión del comunismo quitándole su autonomía, siguiendo las enseñanzas de Marx, quien planteaba que los obreros no debían tener ideología sino conciencia de clase, lo que lleva a que los trabajadores con sus organizaciones se convirtieran en simples rebaños de las élites comunistas.

Las personas somos únicas e irrepetibles, así que hablar de clases degrada a cualquier ser humano a la condición de un zombi, que sin voluntad es conducido, por lo que se debe desbaratar definitivamente el mito de la lucha de clases y por ende también desvirtuar el llamado “sindicalismo clasista”.