¡Silvestre, grande y monumental!

Era el domingo 24 de marzo del presente año, en la gran final del Festival Francisco El Hombre, cuando asistí con mi familia a esa velada, a ver la presentación de Silvestre. Quedé gratamente impresionado al ver su categoría musical, la grandeza de su talento y su profunda maduración interior como artista.

Definitivamente comprendí que el artista urumitero, es verdad que está en otro nivel, y por encima ya, del bien y el mal. Un hombre que llegó bien temprano al reparto de los talentos musicales, con un talento innato como cantante y solista, y con un sentido musical impresionante.

Su voz, cadencia rítmica, afinación, armonía y capacidad de resiliencia en el escenario lo hacen diferente. En todo un show-man y un referente para todas las edades, ha convertido sus presentaciones, donde él es el epicentro del escenario con su incansable e imparable manera de bailar y animar sus canciones.

Al espectáculo se le suma, sus mensajes subliminales, displicentes e irreverente a veces, pero que lo muestran como un artista de fuertes convicciones y que sabe para donde va. Muy orgullosa debe sentirse la población de Urumita, viendo el aroma de las calagualas paseándose por los escenarios del país y el mundo. Un artista que está por encima de la crítica y es un apasionado con lo que sueña y lo que hace.

Es verdad que quienes no pudieron superarlo, les tocó criticarlo y a él convencerlos, porque hoy su música está en la cumbre, en el podio deparado para los más grandes. Se nota su ventaja comparativa frente a las agrupaciones que debieran hacerle el contrapeso y la competencia.

Sin ser un experto en estos temas, sólo opino como un ciudadano secular que quiere dejar expresa constancia de ese seguimiento musical que vengo haciéndole a quien se ha convertido, hoy por hoy, en la máxima figura del canto vallenato y sus nuevas tendencias.

Lo más importante, es que Silvestre Dangond además del mensaje de sus canciones, se ha convertido en nuestro embajador en el escenario, con sus dichos y apuntes propios de las costumbres provincianas.

Además, con él se cumple el dicho, que el hombre ‘entre más grande es, mejor comprende lo pequeño’. Su gratitud con Dios, con su público y sus antecesores, reconociéndole sus bendiciones y sus favores, lo hacen más grande. Rendirle honores a su pueblo urumitero donde quiera que va con mucho orgullo y patriotismo, también dan cuenta de un hombre humilde, pero de gran estatura social. Recordar sus orígenes, sus amigos, sus travesuras y narrarlas como una crónica al mejor estilo de Ernesto Mcausland, también nos contextualizan sobre su apego a su tierra natal.

Igualmente, regalarle un techo a una familia humilde y un concierto a su pueblo, muestran que ha venido atesorando mucho fundamento para su porvenir como artista, apostándole a lo social. No soy amigo de Silvestre aún, como el ‘Triple A’, ‘Coquito’ Maya, ‘Yayo’ Torres y muchos otros, pero si aspiro algún día poder tenerlo como amigo y contertulio y compartir su grandeza.

Igualmente, destaco la calidad artística de toda su agrupación musical, y en especial, la estatura musical que hoy tiene su acordeonero Lucas Dangond, grande entre los grandes. No es fácil hacer pareja con un iluminado por la grandeza como Silvestre. Pero su nobel acordeonero con su incansable deseo de superación, ya está posicionado entre los mejores.

Su nota acentuada y rítmica y su destreza y habilidades en la digitación son su mejor carta de presentación. Silvestre es grande y monumental y su exploración intergenérica así lo demuestra. Cuando pocos daban un peso por sus últimos trabajos musicales y llovían las críticas y los críticos, bien fundamentados unos y temerarios otros, sus nominaciones al Grammy Latino callaron a más de uno, y hoy los vemos, quitándose el sombrero en señal de reverencia con el artista. Definitivamente, hay Silvestre para rato, y seguramente que su talento seguirá sorprendiendo a la sociedad que lo vio nacer y crecer con su obra musical.

Bendita y prolifera tierra guajira que le dio la cuna y la estatura que ahora tiene, para que siga honrándola con su canto y con el olor a la flor de la calaguala que se pasea por los confines del mundo con su sentido musical.