Sindicalismo y convenio 47 de la OIT

En 1935 por la depresión económica mundial que vivió la humanidad, la conferencia de la Organización Internacional del Trabajo, congregada en Ginebra el 4 de junio de 1935 en su decimonovena reunión, consideró que por el desempleo en aquellas calendas de millones de trabajadores, que estaban en la miseria y sufrían múltiples privaciones perdiendo sus más elementales derechos, había que reducir las horas de trabajo a 40 semanales (CO47); de tal suerte que al ser la presente situación mundial una réplica de lo que fue la gran depresión de los años 30.

En esta ocasión por culpa del Covid-19 o peste china, lo lógico es que en Colombia se materialice la ratificación del convenio 47 de la OIT, como históricamente lo ha propuesto el sindicalismo democrático, eso sí, siguiendo las directrices de la OIT en el sentido de que no implique ninguna disminución salarial para los trabajadores.

El Centro Democrático que dirige el expresidente Álvaro Uribe, presentó este año un proyecto en el Congreso acerca de la reducción de las horas de trabajo de 48 a 40 semanales, que ya fue aprobado en la plenaria del Senado y en el 2021 hará trámite en la Cámara de Representantes, lo que está en concordancia con el convenio 47 de la OIT y de ninguna manera es una iniciativa populista; además por la pandemia las condiciones políticas, sociales y económicas de las naciones tendrán que cambiar indefectiblemente, y desde luego que también se incluyen los factores laborales, así pues, que las fórmulas que conocemos en el trabajo presentarán nuevas ecuaciones, de ahí que la innovación ante los retos es de importancia capital, porque lo que ha sido no tiene por qué seguir siendo.

Los países tienen que enfrentar los desafíos que acarrea la catástrofe sanitaria, por lo cual no es regateando a los trabajadores el tiempo laboral, como se va a superar la emergencia, sino que es mediante el fortalecimiento del aparato productivo en Colombia la manera más adecuada para salir de la crisis, recalcando que la industria no puede seguir siendo desplazada en sus productos manufacturados por China, cuando muchas de esas mercancías se pueden producir en el país; de la misma manera se debe alcanzar la soberanía alimentaria fortaleciendo el campo mediante políticas agrícolas que contribuyan a tonificar el aparato productivo.