Soldados asesinados en emboscada: ¿héroes o víctima?

Las guerras lo que generan son destrucciones, ruinas y derramamiento de sangre. Los ejércitos se constituyen como cuerpos armados del Estado, para defender la patria y la soberanía nacional. En Colombia, no enfrentamos guerras de intereses en el negocio del narcotráfico, que nos tiene hasta la coronilla, con las bandas, carteles y organizaciones; subversivas de izquierda y la derecha, generadores de violencias y confrontaciones armadas.

Los odios manifestados y expresados, mutuamente por las externas ideológicas y política de izquierda y derecha, coadyuvada con la corrupción, tienen a este país patas arriba, sin ninguna garantía de seguridad pública ni privada, expuestos a las tragedias por una guerra caprichosa y temeraria.

Los soldados se originan en el 95% de la clase pobre, porque los suboficiales y oficiales provienen de la clase media alta y de tradición familiar ligadas a la institución. Están a la disposición de órdenes superiores, direccionada desde el gobierno en cabeza del presidente de la Republica. Los soldados razos prestan servicios obligatorio y voluntario; que deben ser apreciado y reconocidos por los conciudadanos. Lo que no se debe descuidar, es que los soldados gocen de la mayor protección para su seguridad, tanto en los territorios donde acampan, como por las vías y lugares donde se movilizan. No preverse de lo previsto es incurrir en error por confianzas y desestimaciones de los enemigos que asechan a mansalva, con el nefasto propósito de sumar golpes a su favor, en la que resultan víctimas de hechos, cobarde y malvados que acaban con las vidas de jóvenes soldados que le prestan servicios a la patria.

En protocolos de funerales, le tributan a los soldados caídos honores militares y se hace reconocimiento de héroes para consolación de los familiares, atribulados en el dolor de sus seres queridos, cuando eso no llena el vacío de pérdidas humanas. No podemos confundir los términos de héroe, con víctimas, porque viola los protocolos relacionados con la guerra, por tratarse de ataques alevosos, sin reacciones defensivas, a diferencia de las confrontaciones armadas en campos de batalla.

Que bueno sería que quienes presten el servicio militar se les garanticen estudio y medios de trabajos, con apoyo institucional del gobierno a través del Ministerio de Defensa, fomentando cooperativas direccionadas por asociación de exmilitares, para que ofrezcan servicios de vigilancia y seguridad a las empresas industriales y comerciales. De igual forma, en las prestaciones de servicios tecnológicos, mecánicos y agrícolas.

Si los jóvenes que prestan los servicios militares quedan sin nada que hacer, pueden quedar atrapados por las organizaciones criminales que les ofrece servicio del sicariato, extorciones, hurtos, micrográfico de narcótico y una serie de acciones delictivas, terminando en cárcel o cementerio.

El gobierno le toca enfrentar disputas armadas con el EL y la disidencia de las Farc, que luchan por defender el interés en el negocio del narcotráfico. El Ejército no debe dar papaya haciendo trabajo de inteligencia y ubicar los territorios (campos de conflictos armados), determinando especificaciones de las condenadas y radio de la acción operativa.

El narcotráfico es la fuente que nutre de armas y recursos económicos a las organizaciones al margen de la ley, que tienen unidades armadas para defender el negocio que ejecutan tanto miembros de la izquierda, como la derecha o aliados entre sí, todo por la plata.

Para derrotar al narcoterrorismo se tendrán que legalizar el uso, consumo y comercio de marihuana y cocaína, contralando ventas y tráfico de estupacientes a efecto de que tributen pagando impuesto. Si termina la prohibición y persecución, el negocio se desarticula y desintegran los capos y líderes, pero habrá que esperar que Estados Unidos lo ordene para poner fin a las persecuciones y operaciones desmesuradas en una lucha de intereses. La extradición es un parapeto que nadie le teme y en nada ha servido para acabar con los negocios narcos.