Solventar la crisis de los sistemas masivos

Con un déficit en aumento que parece imparable, los Sistemas Integrados de Transporte Masivo (Sitm) del país se encuentran sumergidos en una grave crisis que no da más espera. Las cifras en rojo, presentes en los ocho sistemas de Colombia, dan cuenta de una realidad que tiene en serios riesgos la movilidad urbana en las principales ciudades.

A un año de que se declarara la emergencia sanitaria en el país, los sistemas de transporte masivo no logran recuperarse del duro golpe que representó para sus finanzas la disminución dramática de pasajeros producto de la cuarentena obligatoria. Con una reducción, en algunos casos, de hasta un 90% en el volumen de pasajeros diarios, y el aumento en los números de viajes que se exigía para garantizar el servicio con el aforo máximo permitido, se agudizaron las dificultades que ya se venían presentando desde antes de la pandemia.

Con el pasar de los días, las finanzas de Transmilenio (Bogotá), Transmetro (Barranquilla), Metrolínea (Bucaramanga), MIO (Cali), Transcaribe (Cartagena), Megabús (Pereira) y el Metro y Metroplus (ambos de Medellín), son más críticas. Ante la amenaza latente de una posible parálisis, en varios de los sistemas, resulta impostergable recurrir a nuevas medidas tendientes a evitar su colapso.

Según la Asociación Latinoamericana de Sistemas Integrados para la Movilidad Urbana Sustentable (Simus), que recoge datos de los ocho sistemas en el país, el déficit actual asciende a casi $2 billones. Una cifra que se proyecta el alza por la baja demanda de usuarios, la lenta recuperación que presentan los sistemas y el déficit acumulado.

Entre los más afectados se encuentra el Transmilenio que pasó de transportar un promedio de 4 millones de usuarios diarios, antes de pandemia, a cerca a 1,8 millones de personas. El MIO de Cali, además de presentar una crítica situación financiera con pérdidas de más de $150.000 millones, tiene serias dificultades por el recorte que realizaron el año pasado en su número de buses.

En el caso del Transmetro de Barranquilla, que en el 2020 reportó la cifra de movilizados más baja de los últimos cinco años, la problemática también es delicada. Con varias amenazas de suspensión de su operación durante el año pasado, logró después de muchos esfuerzos, estabilizarse para seguir prestando el servicio, que hoy deja pérdidas que superan los $52.000 millones.

El reciente campanazo de alerta emitido por la gerencia de Transcaribe de Cartagena, al afirmar que el sistema de transporte está a punto de quedar paralizado ante la grave situación financiera por la que atraviesa, con un desbalance de cerca de $57.300 millones, tiene preocupados a los cartageneros que se encuentran revisando opciones para solventar la situación. Por otra parte, el Metro y el Metroplus de Medellín no se quedan atrás en las cifras, que ascienden a cerca de $365.800 millones, $294.600 millones por cuenta del Metro y $71.200 millones por el lado de Metroplus.

Aunque se ha ido autorizando, de manera gradual, el aumento de la capacidad de los sistemas de transporte público de las principales ciudades, el retorno de los usuarios no se ha presentado de la misma manera. Ya sea por temor al contagio, por la migración hacia el trabajo remoto o por los cambios en las dinámicas de movilidad, no se ha dado una recuperación de la demanda en los Sitm, manteniéndose con una baja ocupación.

Nos unimos a la solicitud que los alcaldes de estas ciudades han realizado al Gobierno Nacional para entre todos salvar los Sistemas Integrados de Transporte Masivo del país. Urgimos a la Ministra de Transporte, Ángela María Orozco, a acelerar el plan de rescate anunciado hace poco por el Presidente Iván Duque y a poner en marcha nuevas acciones que garanticen el funcionamiento de los Sitm.

La incertidumbre acerca del futuro de los sistemas de transporte masivo en Colombia aumenta con el paso de los días. Es apremiante evitar el colapso de los Sitm, no podemos permitirnos retroceder en materia de desarrollo y movilidad urbana, mucho menos tirar por la borda los esfuerzos económicos que se han realizado durante los últimos años para mantener los servicios de transporte masivo.