¿Son los acuerdos de La Habana confiables? (I Parte)

Por Nicanor Escudero Fuentes
Pareciera que en la Habana reinó la hipocresía y la deshonestidad, tanto los representantes del Estado colombiano como los delegados de la guerrilla de las Farc le mintieron al país, no fueron sinceros ni mucho menos transparentes, y, en esto se hicieron cómplices los garantes extranjeros. En el caso de la posesión sobre la tierra, tal vez fue donde más mentira le expresaron a la Nación, pues, es altamente falso que en Colombia los campesinos son dueños de la tierra y que el Estado la regula en beneficio de los pobres del campo. Todas las leyes sin excepción han sido elaboradas por las elites minoritarias o sus delegados, en beneficio de los ricos del agro y en detrimento de los campesinos; en la realidad nacional unos pocos poseen la tierra sin trabajar y la mayoría las trabajan y las ponen a producir para enriquecer a pequeños grupos de explotadores que históricamente están protegidos por el Estado, especialmente por las fuerzas coercitivas que han sido formadas para combatir al campesino y defender a los terratenientes y capitalistas del agro; es por eso que cuando se genera una protesta de los pobres del campo y también de la ciudad inmediatamente hace presencia las “fuerzas del orden” para proteger al gran capital.
Otras de las situaciones especiales y que de pronto tiene una importancia capital es que en La Habana todo lo que se discutió y acordó se hizo bajo influencia de la Democracia Liberal Burguesa que históricamente ha estado aliada con la burguesía internacional pero también con la burguesía criolla de la cual en los actuales momentos, Juan Manuel Santos Calderón es su máximo representante en el seno del Gobierno colombiano y en el caso particular de la propiedad agraria es fiel representante y orientador en políticas excluyentes –limitadas– cerradas, para defender a terratenientes y capitalistas de las grandes extensiones de tierra. Además, dicha democracia padece de una pandemia estructural. Públicamente no se habló de las grandes cantidades de hectáreas ilegalmente adquiridas producto de actividades ilícitas como el narcotráfico, de las cuales las guerrillas de las Farc en las últimas décadas se han convertido en un gran exponente. No se tocó el tema de la incapacidad del Estado para crear y aplicar un sistema equitativo de impuesto sobre la propiedad y las riquezas que se producen en el agro; además se niegan los recursos económicos para hacer frente a las Necesidades Básicas Insatisfechas (NBI) de los pobres del campo que nace y crecen sin una buena educación y buena salud.
Los acuerdos de La Habana no son fiables, porque de manera consciente e inteligentes los bandos convocados trataron de ocultar la verdadera realidad de la confrontación armada, la guerra que existe en el país por la tenencia de la tierra, la cual históricamente han sido organizadas por los ricos, donde el despojo o desalojo siempre ha estado relacionado con la fuerza, la violencia, la guerra y a esto se le atribuye la pobreza del campesino colombiano, lanzado habitualmente por la tangente donde los partidos políticos electoreros, la iglesia y las instituciones públicas y privadas han estado al lado de los hacendados evidenciados significativamente en la tierra para la ganadería extensiva especialmente en la Costa Atlántica, el Magdalena Medio y los Llanos Orientales, caracterizados por un sistema monopólico de la tenencia y la ausencia de políticas gubernamentales sobre la propiedad, políticas que dan origen al latifundio y desplazan a los campesinos pobres, lanzándolos permanentemente a la periferia del agro en calidad de colonizadores de tierra. En esta violencia permanentemente existe una supuesta lucha entre las fuerzas del Estado y la insurgencia cuyo objetivo más perverso no es otra cosa que el desplazamiento violento de los campesinos de sus propiedades ancestrales, estableciéndose una alianza entre ganaderos ricos, cocaleros y narcotraficantes para apoderarse de las tierras y desplazar a los campesinos y expulsándolos a cordones de miserias y pobreza a la ciudad; atesorando y acumulando enormes riquezas, lavados de dineros y sin pagar los impuestos que evaden con la complicidad del estado, produciéndose la máxima del sistema Agrario Capitalista: “pocos ganan sin trabajar y muchos trabajan sin ganar” creándose una clase muy rica y otra muy pobre. Continúa el martes.