Tenemos una deuda histórica con el medio ambiente

Por Rodrigo Daza Cárdenas

Muchas son las deudas históricas que tiene el Estado con La Guajira dado su actual estado de postración en materia de infraestructura para el desarrollo, o sea, vías y puertos con regímenes justos; en servicios públicos, agua potable y saneamiento básico; en servicios sociales por la pésima infraestructura física y dotación hospitalaria y en educación, y por la deficitaria calidad de la educación y de los servicios de salud que tenemos… en fin, deuda que si no es a diario, es cada vez que toca hacer discursos y en épocas electorales cuando “cantaletiamos o cantamos verdades” sobre esta deuda histórica. Y no tiene discusión, ¡es cierto!

Pero mirando hacia adentro, revisando que debemos nosotros, nos encontramos endeudados por lo siguiente: desde la mitad de la década de los 60´s hasta pocos años de la década de los 80´s, tuvo el más grande auge la siembra y cosecha del algodón en la comarca, en términos de número de hectáreas sembradas.

Centrándonos en el departamento de La Guajira, fue toda la media y baja guajira donde más se dio esta práctica agrícola y grato decirlo, producíamos la mejor fibra de algodón del país dado las buenas condiciones de nuestros suelos, nuestro régimen climático y ciclos de lluvias.

Luego de la bonanza algodonera, floreció la siembra y cosecha de sorgo. Este cultivo de menos exigencia técnico-agrícola que el algodón entusiasmó a muchos pequeños poseedores de tierra a sembrar, por lo que se debió intervenir más tierra para tener disponibilidad. Entonces, se suma a la ya alta intervención de terrenos para sembrar algodón, ésta para sembrar sorgo. No vamos a sumar aquí, para lo que nos vamos a referir, sin dejar de tener importancia, la preparación de terrenos para sembrar yuca y tomate por esas calendas setenteras y ochenteras, más lo hecho para arroz, que también es importante.

Merecen un análisis particular las zonas intervenidas por la minería. Visto todo esto en retrospectiva, fueron miles de hectáreas de terrenos que talamos, que quemamos, que descumbramos y junto a eso, fueron muchos los acuíferos, humedales y manantiales que nos llevamos por delante; fueron muchas las acequias que derivamos de los ríos y muchos los químicos que aplicamos a esos terrenos.

Dicen los ambientalistas que poder cultivar es un crédito no financiero que nos da la naturaleza para operar, pero nuestro desempeño no nos dejó réditos económicos pero sí grandes pérdidas ambientales, y esa deuda nos las está cobrando la naturaleza “sin palos y sin perreros”; nos las está cobrando con años de vida, con pésima situación económica regional, con atraso agro-industrial, con alteración de ciclos de lluvias, con cambio climático, con escasa disponibilidad de recursos hídricos para todo, para siembras, para consumo humano y animal.

Todo eso que hicimos para dinamizar la economía regional, tuvo la desgracia de consumir negativamente los Servicios Ecosistémicos o ambientales que nos provee la naturaleza, tanto al hombre como a las empresas y a las plantas y animales, o sea a la naturaleza misma, para que podamos vivir bien en la tierra.

Estos servicios son de aprovisionamiento o sea los alimentos, madera, plantas medicinales, agua dulce. Servicios de regulación que tienen que ver con la regulación de los ciclos de agua, control natural de plagas, de la erosión y polinización. Servicios de apoyo, estos son los hábitats de los animales o sea zonas donde viven las aves, insectos y donde viven los venados, osos y otros animales que desafortunadamente están o en vías de extinción o se fueron de nuestras tierras. Servicios culturales, los que facilitan el turismo, la recreación, la convivencia agradable con la naturaleza, un buen río, un buen árbol frondoso, un buen clima, etc.

La deuda nuestra debemos comenzar a pagarla con un Plan de Gestión Ambiental Regional fuerte y reconstructivo, una política pública departamental ambiental que en línea con el Sistema Nacional Ambiental protejan, apropien y apliquen correctamente los recursos para habilitar y rehabilitar los ecosistemas guajiros y áreas protegidas; un plan especial para recuperar y salvar el parque natural regional del Cerro Pintao; firmeza, control y seguimiento a la rehabilitación de áreas sensibles y de post-minería; programas útiles y eficientes de reforestación con pólizas ambientales por 15 años mínimos para garantizar desarrollo, asistencia técnica y mantenimiento de estos programas; recuperando los ecosistemas que se lesionaron en la construcción de la Represa del río Ranchería; un programa amigable y muy adherente de educación ambiental que lidere procesos no eventos ocasionales para cumplir metas con números pero sin resultados, y con un compromiso ciudadano en el buen uso de los Servicios Eco-sistémicos, tanto en áreas urbanas como rurales.

Ojalá que algún día nos pague el Estado, pero por eso no es que nosotros no debamos pagar lo que debemos históricamente. Por lo menos abonemos a esa deuda fomentando el uso apropiado de los Servicios Ecosistémicos.