Terminaron las campañas y los negocios electorales

La política es el arte de servir, orientar, opinar, proyectar, proponer, promover y participar activamente en acciones de intereses y beneficios comunes, en favor no personal, sino de la colectividad. A eso se le determina democracia o régimen popular soberano.

Nuestro sistema político practica negocracia, no la “Demo” que en griego se significa pueblo y “Cracia” gobierno, traduciendo democracia como gobierno del pueblo, a diferencia de los negocios ilícitos electorales, que consiste en llegar a los gobiernos o representarlo en corporaciones, comprando curules mediantes fraudes a los cargos de elección popular, a través del clientelismo, coaliciones, alianzas y compraventa de electores que operan en el territorio nacional.

Los partidos políticos son unos esperpentos que carecen de principios, historia de antecedentes, registros de afiliados, confianza y solidez que los caractericen. En las pasadas elecciones barrieron las coaliciones, con excepción a cinco departamentos, Guainía, Caquetá, Vichada, Bolívar y Meta, lo que demuestra que los partidos políticos están diezmados por inservibles, cuyos directivos los explotan negociando y vendiendo avales o acondicionándolos a beneficios futuro. De igual forma, reclaman a la autoridad electoral la reposición de los votos por cada aval expedido. Este es parte de la negocracia, que opera con prácticas de la corrupción en Colombia.

En este asunto, los gamonales utilizan a los electores de manera directa e indirecta como elemento u objeto negociable con la ostentación de una curul, que usan para explotarla únicamente en beneficio particular-personal, al considerarse dueño absoluto de la misma, para no tener que rendir cuentas de los manejos en calidad de servidor público y miembro de elección popular.

Aún cuando algunas brotaron sorpresas nacional y se destronaron hegemonías de capos políticos, locales y departamentales, estamos lejos de afianzar una democracia que sustituya la negocracia corrupta.

La jornada política pasada fue en calma y los negocios se realizaban en clandestinidad con discreción, previendo espaturrarse o estrellarse. Las corrientes de extremas izquierda y derecha, quedaron bandeadas y bien puyadas. El expresidente y senador Álvaro Uribe Vélez, político iderrotable, perdió de local en Medellín. También resultó Gustavo Petro, en Bogotá. Los Cotes en el Magdalena, los Araújo en Cartagena. Otras sorpresas se presentaron en las capitales de: Florencia, Pereira, Cúcuta, Villavicencio, departamentos del Cauca y varios municipios de distintas categorías que ya no eligen por partidos, sino por la calidad de las personas para brindarles en confianza una oportunidad.

La abstención bajó un 5% a nivel nacional. En La Guajira estuvo a nivel global por debajo del 39%. La abstención más alta la tuvo Uribia, con el 51.75 y la más baja Urumita con 15.48.

En la negocracia primero se deben sacar del gobierno que inicia los costos de las campañas con creces a través de contrataciones. Lo que indica que los mandatarios únicamente se dedican a gestionar recursos para contratar, ignorando por completo la capacidad de gestiones, operaciones y supuestos programas de gobierno.

La humanidad está hastiada de las polarizaciones políticas o politiqueras que mantienen a las personas en vilo, incertidumbre, zozobra y temor, con las constantes disputas odiosas que enfrentan las tendencias políticas de extremas izquierda y derecha, que tienen hasta la coronilla al mundo con las alternaciones de gobierno en las naciones.

Es pertinente descolgarse y desmarcarse de las tendencias tóxicas, radicales, caprichosas y absolutas, dedicadas las persecuciones y generar temor y miedo.