¿Tienen las comunidades parado a Cerrejón?

Más adelante afirma que hay suficientes reservas en esa mina. En otras palabras, Cerrejón podría incrementar la producción todo lo que quiera, pero algunos puntos son de mucha afectación para toda La Guajira. Sin mencionarlo, se refiere al desvío del río Ranchería y el arroyo Bruno, debajo de cuyos cauces está el carbón más barato para explotar y al mismo tiempo más caro para vender. En esencia, ese es el problema, la contracción es del mercado internacional por el Acuerdo de Paris y Cerrejón es el más competitivo por sus costos de producción y transporte.

Mover el curso del río Ranchería, principal fuente de agua de La Guajira, es una idea descabellada. Aún más, por ser el departamento el lugar  seco de Colombia por excelencia y la gran mayoría de sus habitantes no contar con este líquido, pasa a ser una desvergüenza. Pero, se llega al cinismo cuando la  motivación que inspira el hecho es la obtención de lucro impulsada por las empresas que hoy explotan las minas de carbón. El beneficio económico de la empresa por encima de la vida.

Mientras las multinacionales han  incrementado sus ganancias, los pueblos asentados en sus áreas de influencia están en unos niveles de pobreza extrema, a tal punto que semanalmente mueren infantes de física hambre y sed. Es evidente que el éxito de Cerrejón no ha estado atado al ascenso de las comunidades. Michael E. Porter, el gran pensador de Harvard, dice que “la solución está en el principio de valor compartido, que implica la creación de valor económico de una manera que también cree valor para que la sociedad haga frente a sus necesidades y desafíos”.

Tal cual nació esa empresa, así se ha mantenido. No hay encadenamiento económico, social ni mucho menos cultural. Ética y políticamente es una muestra de indolencia social hacer riqueza en medio de la extrema pobreza. Este modelo económico suicida desforesta bosques inmensos, descabeza montañas, vuela llanuras con explosivos, contamina su río Ranchería y su mar y ha desterritorializado comunidades étnicas. La vida se ha reducido a objetos, convirtiendo a ecosistemas vivos complejos en “recursos naturales”. Donde arroyos, capa vegetal, animales, gente ni ninguna forma de vida detiene a los gigantes equipos de cargue. Lo desenterrado ha sido para generación de energía para las grandes ciudades muy lejos de la explotación, mientras que el entorno ancestral está a oscuras y cocina con leña. 

El insaciable extractivismo solo es posible en regiones como La Guajira, periferia desechable que solo interesa por su utilidad lucrativa. A sus extractores solo los mueve el interés del “desarrollo económico”, como bien supremo por encima del bienestar de las comunidades. La Guajira como zona de sacrificio, solo se da, en esa forma brutal por residir en ellas unos pueblos y unas culturas que no les importan a las élites políticas nacionales y locales. Idea ésta asociada al racismo. Los más afectados son negros e indígenas. 

Así pues, invitamos al señor Fonseca que primero conozca a La Guajira y se entere de lo que la empresa que preside ha significado para las comunidades vulnerables del área de influencia. Al parecer, en 35 años de intervención aún siguen mirando al entorno como un campamento.