Triste final

Tan rápido como fue su ascenso en la política así mismo cayó la exsenadora Aida Merlano, acabando una carrera política que la llevó primero a la Asamblea del Atlántico, en el siguiente periodo a la Cámara de Representantes, y el año pasado al Senado, siempre logrando las más altas votaciones.

Hace menos de un mes se conoció la sentencia en su contra emitida por la Corte Suprema de Justicia por corrupción electoral, hoy la noticia es la fuga de la excongresista cuando asistía a una cita odontológica en una clínica del norte de Bogotá.

Aida, una agraciada mujer de extracción humilde del popular barrio Buenos Aires de Barranquilla, nació con estrella: bonita, con carisma y dotada de un liderazgo natural que le permitía brillar con luz propia entre la gente más humilde de las barriadas del sur de Barranquilla, donde tenía su fortín electoral, pues la veían como una más entre ellos.

Con el apoyo de la casa Gerlein, que la vio como una mina para conseguir votos, ascendió vertiginosamente en la política. En contra del barón electoral, Roberto Gerlein, se lanzó en 2018 al Senado ganando una curul con más de 73.000 votos. Ese triunfo fue el principio del fin.

La joven política se superó estudiando Derecho. Hermosa, profesional y con poder se creyó el cuento de que porque se rozaba con la crema y nata del poder político de Barranquilla, pertenecía a su clase social, que ilusa. Ella no fue más que un instrumento de los políticos corruptos que la utilizaron para conseguir votos y así mantener su poder electoral en el Atlántico.

Roberto Gerlein, el jefe de ese clan político, duró más de 40 años en el Congreso y solo vino a dejar su curul por enfermedad. El gran barón electoral no podía olvidar la afrenta de su pupila de habérsele rebelado aspirando al Senado, claro, porque él la veía a ella como una amenaza para su poder.

Víctima de su propio invento, a la niña Aida los mismos que la llevaron al poder le montaron el operativo que terminó con su carrera, y todo ¿por qué?, por conservar aquellos su poder, pues no podían aceptar que alguien que venía de “abajo” los desplazara.

La Corte compulsó copias para que se investigue por los mismos hechos de corrupción electoral a vacas sagradas de la política de Barranquilla, entre esos a la familia Char, otro clan poderoso de la política, pero ¿qué va a pasar? nada.

Ya la justicia actuó para la de “ruana” que en este caso es Aida, pero a los peces gordos –aquellos que todos sabemos quiénes son–, los verdaderos traficantes de votos y corruptores de electores, a esos no les va a pasar nada porque son poderosos y la justicia no los va a tocar. Vamos a ver a cuántos de estos barones electorales condena la justicia.

Lo que comenzó como un cuento de hadas termina con un triste final con la muerte política y el destierro voluntario de Aida, mientras los verdaderos beneficiados con la compra de votos, los mismos que han mantenido el poder por décadas, siguen vivitos y coleando. Moraleja: nunca olvides de dónde vienes.