Un buen alcalde

Un buen alcalde es un servidor público que está al servicio del Estado y de la comunidad, dirige las acciones administrativas del municipio, ejerce sus funciones en la forma prevista por la Constitución y la Ley, su administración está sujeta al cumplimiento de los preceptos constitucionales, principios y derechos incorporados en el ordenamiento jurídico colombiano; al municipio como entidad fundamental y administrativa del Estado le corresponde prestar los servicios públicos a su cargo, construir las normas que demande el progreso local, ordenar el desarrollo de su territorio, promover la participación comunitaria, el mejoramiento social y cultural de sus habitantes y cumplir las demás funciones que le asigne la Constitución y la ley.

Para ser un buen alcalde se necesita: que se destaque con luz propia y que nos honre con sus decisiones, no sufrir desgastes en la administración, rescatar la confianza ciudadana, gestionar y hacer obras, supervisar barrio por barrio en unión de las acciones comunales para saber cuáles son las necesidades que padecen, aceptar control social de manos de las veedurías ciudadanas. El alcalde necesita de la ayuda del pueblo para poder gobernar, hacer buen uso del dinero público, que la inversión social sea prioritaria, evitar despilfarros de los recursos públicos ayudar al saneamiento en las finanzas públicas y ajustes fiscales, para disminuir el gasto de la deuda pública y así aumentar el presupuesto para la inversión social.

Para un buen alcalde los recursos públicos deben de ser sagrados, debe haber un cambio en el manejo de estos recursos, rendir cuenta en lo público es ético. Como principios para el buen funcionamiento de la administración pública, el alcalde debe hacer un llamado a sus empleados a trabajar de manera honrada organizada y planificada encaminada a la meritocracia para reclutar los mejores y más acreditados profesionales, escoger el hombre para el puesto y no el puesto para el hombre, para evitar la burocracia y el clientelismo; hay que desechar las administraciones ineficientes sin productividad con muy poca gestión o falta de conocimiento en las reformas relacionadas con la administración pública municipal, para poder reforzar la institucionalidad y dar aplicación a la efectividad de los principios en función de la administración pública y a favor de la comunidad.

Es la era de la implementación forzada de un sistema de gestión de calidad y trasparencia en lo público para un buen escenario institucional del país; por lo tanto se debe cambiar el estilo y la forma de administrar, también hay que estar actualizado con las normas para modernizar la organización y el buen funcionamiento dentro de la autonomía que reconocen a los municipios la Constitución y la ley como instrumento de gestión para cumplir sus competencias y funciones. Debe haber una concertación legal entre alcalde y los concejales para un buen entendimiento y control político y no haya un tira y jala que perjudique al pueblo. Para una buena administración debe haber un buen alcalde.