Un cambio necesario y gradual

Si  bien  es  cierto,  este avance en la “transición”, y  esta  diversificación  de la  matriz  energética  con la inclusión de las fuentes de  energías  alternativas, las emisiones de CO2 por concepto  del  consumo  de combustibles fósiles no se reducirán. A pesar de los esfuerzos  y  desarrollos tecnológicos  que  se  realizan en el mundo a favor de las  energías  alternativas, la industria petroquímica demanda  la  explotación de los hidrocarburos como materia prima de sus procesos, y las metas económicas  gubernamentales dependen directamente de la explotación del petróleo y el carbón que son exportados y que en algún lugar del  mundo  serán  consumidos generando impacto al medio ambiente. También  existe  la  necesidad de  ampliar  las  reservas petroleras  en  Colombia, conociendo  la  implicación económica  que  representa en la cartera nacional, dando lugar a las entidades gubernamentales a poner sobre la mesa la implementación  del  Fracking, tema en cuestión que encuentra amigos y detractores para su aplicación.

Pero,  más  que  dar  un sí o un no a la inclusión de  dicha  técnica,  Colombia debe prepararse y buscar nuevas alternativas de mercado que puedan llegar a  sustituir  gradualmente los  recursos  económicos que se obtienen de la explotación de hidrocarburos. Por lo anterior se deberán implementar  medidas  rigurosas en la formulación de políticas que conlleven a  fortalecer  el  modelo  de transición energética, enfocados a incentivar la inversión extranjera y el interés del gobierno nacional, para así, propender por un mejor  desarrollo  sostenible, económico,  político  y  ambiental.

Cabe anotar que el país ha  logrado  un  avance  en su  estructura  energética, no  obstante,  se  necesitará trabajar, aun más en la consolidación  de  alianzas público-privadas para crear y efectuar proyectos de alto impacto que contribuyan al desarrollo  sostenible  y  generen beneficios a la región.

Para lograr diseñar una política energética nacional que estimule la protección del medio ambiente y el desarrollo,  se  deberá  migrar hacia  un  sistema  energético  altamente  competitivo, eficiente y resiliente a través  de  la  masificación de  energías  renovables  no convencionales,  eliminar los  obstáculos  energéticos con nuevos modelos de negocio y nuevas tecnologías y así acelerar los servicios de  energía  eléctrica  y  gas combustible en todo el territorio.

Adicionalmente, se deberá liderar la lucha contra el cambio climático, priorizando la movilidad sostenible, con  combustibles  de  bajas emisiones, y unas eficientes políticas  energéticas  accionadas desde lo sectorial. Actualmente, el Gobierno nacional presenta el contexto de lanzar la transformación de sus sistemas energéticos, indicando que las direcciones de la política son claras y están encaminadas a: “aumentar la participación de las energías renovables no convencionales  de  menos del 1% a más del 12% en la matriz  energética  para  el 2022, elevar su objetivo de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero del 20% al 51% para 2030 y hacer de la reactivación sostenible la fuerza que impulsa su estrategia de recuperación  económica  como resultado del Covid (Ministerio  de  Minas  y  Energía 2021).

Por otra parte, a la sostenibilidad  ambiental  del suministro  energético  han de añadir objetivos como, la seguridad o garantía del suministro, que hace referencia a la fiabilidad del mismo a  la  hora  de  satisfacer  la demanda presente y futura; y la competitividad económica,  equidad  energética, en el acceso a la energía que debe producirse a un costo asequible.

En  conclusión,  “cambiar energías renovables, no sólo es la mejor opción. Es nuestra única opción”, y debido a  esto  existe  la  imperiosa necesidad de transformar los hábitos de consumo de la humanidad y que sean más eficientes en las actividades cotidianas.

La transición implica un cambio  hacia  un  modelo energético limpio, una descarbonización de la matriz energética,  la  cual  viene presentando  bastante  resistencia en Colombia y un cambio radical en el pensamiento  colectivo.  Ajus-tar  políticas  asertivas  y convenientes a una estruc-tura colombiana que generen impactos positivos en la implementación de las energías alternativas, son algunos de los desafíos de esta transición por sus altos costos, la adopción de nuevas  tecnologías  juega un  papel  importante  en el mejoramiento de la efi-ciencia  energética,  pero sin el interés del gobierno y  las  empresas  privadas en  su  financiamiento  sería imposible implementar una política acorde a las necesidades del país. 

El  esquema  energético brindará  oportunidades en  todos  los  sectores  del país, incentivando a nuevas inversiones y emprendimientos que desarrollen encadenamientos  productivos capaces de satisfacer demandas  y  generar  impactos en el desarrollo de la región, en lo económico, humano y lo más importante, en lo ambiental.