Un diagnóstico del Festival Vallenato 52

Quise tomarme un tiempo y escribir con cabeza fría, pero además, escuchar diversas versiones sobre lo bueno, lo malo y lo feo de la reciente edición del Festival de la Leyenda Vallenata, y ahora si me atrevo a realizar un balance ponderado, y no en caliente, a fin de intentar buscarle soluciones a los problemas y no echarle más leña al fuego, como es lo que acostumbran a hacer muchos de mis colegas.

Algunos estudiosos folclorólogos fatalistas ya anunciaron una hecatombe, y le expidieron partida de defunción al máximo evento folclórico y cultural de Colombia, mientras otros lo mantienen en UCI en estado de coma inducido y con pronóstico grave o crítico; pero yo, que al igual que Diomedes no sé absolutamente nada de medicina, por eso digo como él: “Según el último parte médico, por ahora la muerte tendrá que esperar… Aleluya”.

Con relación a los concursos, que son la verdadera razón de ser del Festival, la inconformidad más generalizada es el resultado en la gran final de acordeoneros profesionales, en la cual se coronó rey Alfonso Manuel Monsalvo Baute, con segundo y tercer lugar de Javier Matta Correa y Jesús Alberto Ocampo Ospino, que contó con un jurado calificador del más alto nivel, en el que ya es costumbre encontrar por lo menos dos acordeoneros, en esta oportunidad estuvieron los reyes profesionales Raúl ‘El Chiche’ Martínez y Jaime Dangond Daza, acompañados de una cantautora reina de la canción inédita, Margarita Doria Carrascal, y un veterano en este oficio como el doctor Roberto Gómez Pavajeau.

La Fundación organizadora del Festival delega la responsabilidad de calificar a los concursantes en unas personas que selecciona por su idoneidad, pero no interfiere, no insinúa, ni postula ganadores, lo cual me consta por las veces que he sido jurado en finales de este certamen, luego entonces, si el resultado no es el justo o se considera que fue amañado y que obedeció a factores distintos a los establecidos en el reglamento y la ponderación del jurado, se dice que la fiebre no está en las sábanas.

Se dice también que este año no asistió al festival el número de turistas de años anteriores, y que eso indica que la gente no quiere al vallenato, pero están totalmente equivocados; lo que si debe censurársele a la Fundación es que haya establecido que la fecha del Festival debe ser inamovible, porque a nadie se le ocurre realizar un evento de esta magnitud inmediatamente después de la Semana Santa, cuya final fuera los días lunes y martes, días laborales.

También le cuestionan a la Fundación que este año no llevó artistas internacionales de gran renombre, mientras que años atrás se le cuestionaba precisamente porque prefería a los internacionales, antes que a los nuestros. Palo porque bogas, y palo porque no bogas.

Colofón: Que los comerciantes, taxistas, hoteles y los propios vallenatos abusan y se exceden en los precios de bienes y servicios, muy cierto, pero no es la Fundación la responsable, para eso existen las autoridades estatales locales, quienes se dedican es a parrandear y no cumplen con sus deberes.