Un diciembre distinto

Diciembre tiene su encanto desde que llega el primer día. Todo se ve más bello, la brisa del nordeste refresca las noches, el frío en la madrugada se siente, las luces multicolores adornan el paisaje, la música del recuerdo produce nostalgia, la alegría de la gente comprando, la sonrisa y felicidad de los niños, la paz y el aire de esperanza que se respira por la llegada de un nuevo año. Diciembre siempre ha sido así: mágico.

Pero este año todo es distinto, es un diciembre extraño, raro, sin el color y la alegría de otros años, a pesar que uno camina y ve los comercios exhibiendo los juguetes, la romería de gente en los centros comerciales viendo vitrinas más que comprando, el muelle turístico iluminado, las luces en los jardines de las casas y en algunos edificios y calles, las emisoras poniendo la misma música de siempre, todo eso nos recuerda que viene Navidad, que se acaba otro año más.

Las cosas no son igual aunque parezcan, la Noche de Velitas no fue este año el derroche de pólvora y de parrandas familiares. Hay algo que no nos deja disfrutar diciembre, que nos perturba, que nos mortifica, es el coronavirus que nos cambió todo. El mundo está de patas pa´ arriba por culpa del intruso que vino de China a alterarnos la normalidad, a cambiarnos la vida con su estela de dolor que ya ha matado más de un millón y medio de personas, por esto no habrá fiesta en muchos hogares del mundo con motivo de la Navidad y el Año Nuevo.

La tradicional cena de Navidad no será igual, habrá ausentes en la mesa, unos no podrán viajar para estar reunidos con la familia, otros porque ya no pertenecen a este mundo, el virus se los llevó.

Habrá sillas vacías alrededor de la mesa, tristeza y llanto y oraciones por el alma de los que no nos acompañan.

Y si Navidad será triste para muchos, no me quiero imaginar cómo será a las 12 de la noche del 31 de diciembre, momento en el que normalmente nos abrazamos con la familia, vecinos y amigos y lloramos de sentimiento por un nuevo año; pues esta vez las lágrimas y los abrazos serán por la tristeza de no poder compartir con aquellos que partieron para siempre, en un año –el 2020– para el olvido.

Todos queremos que acabe esta pesadilla, hemos visto partir a amigos, familiares, vecinos y conocidos. Soy sobreviviente del Covid gracias a la misericordia de Dios, pude superarlo y abrigo la esperanza de que también Dios en su infinito amor me permita abrazar a mis hijos en noche buena y año nuevo, pero cuantos no lo podrán hacer. Siento tristeza por esas personas que no lo podrán hacer.

En medio del miedo que vivimos ante la posibilidad de ser un número más en la estadística de víctimas y por el dolor que sentimos a causa de la muerte de un familiar, amigo o vecino, el descubrimiento de la vacuna contra el mortal virus pondrá fin a esta terrible pandemia salvando a la humanidad. Será el triunfo de la ciencia contra la letalidad de un enemigo invisible.

El 8 de diciembre fue un día histórico al aplicarse al primer paciente la vacuna, ocurrió en Inglaterra, y todo indica que pronto será masiva su aplicación en todo el mundo, para volver a recuperar la alegría por la vida, para que no haya más diciembres distintos, sino que el último mes siga siendo la época más feliz del año. En medio de todo, les deseo una feliz Navidad y un próspero año 2021, el año del renacimiento a la vida. Dios los bendiga.