Un gran Caribe

La región Caribe debe y en nosotros está que sea más. No podemos seguir como estamos, sino aspirar a ser vanguardia. Aupar a nuestros gobiernos a que potencien sus gestiones. Que entienda sus mandatarios que como tales tienen el reto y la responsabilidad irrenunciable de la unidad tanto en su territorio como en el área común del Caribe colombiano. No podemos desfallecer. No podemos decaer. Importa que fomentemos e impulsemos ser tierra de productividad, competitividad y cultura, entre otros generales y particulares aspectos. Renacer como territorio en segmentos un tanto olvidados. Significar primacía en distintas áreas. No dejarnos eclipsar.

Obligados estamos a ser el Gran Nuevo Caribe que necesitamos ser. Un proyecto que nazca de la superación y pleno de luces humanistas y cultural esplendor que brille en la intelectualidad nacional e internacional. Es representar nuestra voluntad reinventándonos para afrontar en verdad, la ya adentrada era de la globalización. Nada de permitir que ese aliento cultural que siempre ha sido entre nosotros se extinga. Tenemos que ser tierra de buenos augurios en todo lo bueno para la región y el país. En lo político, social, económico y demás otros aspectos, hacernos relevantes, hacernos mayores, amarnos como municipios y departamentos hermanos. Seamos todos uno, seamos más región, toda vez que somos un gran legado de la humanidad, con una gigante diversidad histórica y cultural que debemos preservar.

Se impone en lo cual, seguir formándonos, no olvidar nuestro espíritu para avanzar, so pena de rezagarnos, y ello llama a formarnos productivamente, en lo que desechar tenemos los llamados saberes y conocimientos inútiles. Hacer existir una grande como armoniosa y articulada colaboración academia – empresariado, donde el único objetivo no sea solo ajustarse a las demandas del mercado de trabajo y los intereses de la producción de bienes materiales, lo que no debemos confundir.

Esto es, como bien se sostiene, que tan malo como perverso es que haya “una falta de vinculación entre los programas docentes universitarios y el mundo empresarial” como que sea este quien decida los programas docentes. Que no se informe a los alumnos de los problemas a los que habrán de enfrentarse tras terminar sus estudios en carreras de difícil futuro laboral como la exigencia de las asociaciones empresariales de que en colegios e institutos exista una orientación laboral que se ajuste a la realidad del mercado de trabajo y “reconduzca” las pretensiones de los alumnos. No se trata de convertir la antigua Formación del Espíritu Nacional en Formación del Espíritu Productivo. No. Es articular uno y otro.