Un hecho confuso y sospechoso que no tiene memoria

Conocí a Débora Barros Fince en una emisora radial, nos harían una entrevista por nuestras actividades en el espacio de cubrimiento nacional, de eso han pasado 13 años, apenas mi cuento ‘El encierro de una pequeña doncella’ tenía tres años de haber sido publicada y acababa de ser incluida en la lista de honor Ibby

(The International Board on Books for Young People) mis circunstancias eran color rosa y tonos pasteles, en cambio las de Débora Barros tenía matices color tierra, la fuerza del rojo y un dolor indescriptible en su mirada clanil, sin embargo con la fuerza que las mujeres tenemos de sobreponernos al dolor. Esa capacidad de superar el dolor del alma no es exclusivo de las mujeres wayuú, es una capacidad universal, pero debo reconocer que la fuerza y la valentía de Débora Barros Fince solo puede ser superada por ella misma, conozco pocas mujeres con el talante de desenfundar el miedo, proteger a su familia y a su territorio como ella lo ha hecho.

Tristemente pocos conservamos en la memoria los hechos ocurridos en Bahía Portete, de pronto se nos olvida, nosotros, los humanos tenemos esa capacidad de olvido. Hoy mi escrito, mi único instrumento contra el olvido es recordarle a quienes han minimizado los confusos hechos que rodearon un posible atentado en la vida de Débora Barros Fince, hasta observo en los titulares de prensa sus cargos más recientes y dejando casi que imperceptible los hechos que la hicieron visible no como víctima, sino como sobreviviente de una masacre sin antecedentes en el pueblo wayuú, ni las guerras claniles de nuestros antepasados habían atentado contra las mujeres, es hoy y aún no aparece el cuerpo de una mujer del clan materno de Débora Barros. Ella pudo ser parte de las estadísticas de desplazados en el territorio colombiano, pudo continuar su desplazamiento hacia Maracaibo como hizo gran parte de su familia, desplazamiento que obligó al abuelo a vivir en un barrio de Maracaibo habitado por wayuú, pero no, Débora decidió quedarse y junto con las mujeres de su clan: Uriana, proteger a los hombres de su familia, siendo ella a partir de ese momento y en adelante junto con su hermana Telemina Barros, los rostros visibles de la masacre de Bahía Portete, pudo después de los hechos ser parte del proceso de paz, tener un roll protagónico casi que a la par de un comisionado de paz, por ella y por muchos sobrevivientes de masacres pudimos los de buena memoria no establecer diferencias entre una víctima de la guerrilla y una víctima del paramilitarismo, las víctimas son víctimas y punto, su historia de vida llegó a La Habana, Canadá, Francia, Holanda, Estados Unidos, Noruega, entre otros países. Su nombre es referente en las clases de un nobel de paz y Elders en una universidad estadounidense. 

De la masacre de Bahía Portete han transcurrido 15 años, una masacre que sacó de su cotidianidad a una inspectora de policía recién egresada, que tuvo que realizar la inspección de los cadáveres de sus primos con otros miembros de su familia, según lo anota el informe del centro nacional de memoria histórica: «La masacre de Bahía Portete, mujeres wayuú en la mira» Débora Barros no buscó ser líder social, sino que las circunstancias la llevaron a eso y eso no se debe olvidar, ni minimizar.

Señor secretario de Gobierno de Riohacha, es hora de ser acertivo en lo que expresa y cómo lo expresa, tratar de minimizar, así sea sin éxito, como usted lo ha hecho, informalmente, a través de las redes sociales y con colores brillantes los hechos confusos que rodean el posible atentado que sufrió Débora Barros el pasado 27 de enero, no solo refresca la  memoria, sino que lo ubica a usted como un funcionario que no conoce los antecedentes de orden público que sacudieron a La Guajira en un pasado reciente (2004) y que podrían en cualquier momento volver la mira en una líder social mundialmente conocida. 

Todos los atentados son confusos y deben ser aclarados. Lo que sucede en Colombia con los líderes sociales no debe ser reducido a frases y menos si se desconoce su significado. ¿Sabe usted cómo comienzan las crónicas judiciales? A partir de un hecho confuso.