Un mundo, género y colores

En la página de la Unicef en internet, se lee sobre la equidad de género en nuestro país: “Colombia ha avanzado en materia de equidad de género, especialmente en la creación de un marco legal y de política pública que busca garantizar los derechos humanos de las mujeres. Sin embargo, aún existen desafíos para lograr la igualdad real para las niñas y las mujeres, y para las personas con identidades diversas…” 

Ese marco legal al que hace referencia la Unicef empieza en la constitución de 1991, la cual consagra el principio de la no discriminación por razones de sexo, raza, origen nacional o familiar, religión, lengua, opción política o religiosa. En ese sentido, el artículo 13 reza: “Todas las personas nacen libres e iguales ante la ley, recibirán la misma protección y trato de las autoridades y gozarán de los mismos derechos, libertades y oportunidades…”

Puede ser difícil pensar el momento decisivo en que el género entró a ser un factor limitante para las mujeres. Lo que sí es fácil saber es que después de la adolescencia se vuelve importante en especial para ellas. 

Antes encontramos que nuestros padres han venido abonando el terreno con separaciones de género relacionadas con los colores: azul todo lo de los niños y rosado todo lo de las niñas. Esta es la separación moderna que lleva a ahondar las diferencias y oportunidades entre hombre y mujer. 

Es curioso cómo llegó a ser el azul el símbolo de la fuerza y la masculinidad y el rosado el de dulzura y feminidad. Ocurrió a comienzos del siglo pasado con la distinción de los tonos de ropa y en 1940 echaron raíz los colores asociados al género, lo que se mantiene hasta hoy. 

Si miramos atrás, a los cincuenta, sesenta o setenta, se ha progresado muy poco en cuanto a obtener una participación mayor en los puestos superiores de las empresas, compañías, industrias, iglesia, instituciones o poder ejecutivo de las repúblicas. Las mujeres, en esa época y hoy siguen siendo relegadas por el macho de la raza humana.

En definitiva, el tema de género más importante hoy en día en Colombia es la igualdad de derechos y oportunidades para las mujeres; por eso la constitución política vigila que la igualdad se logre en salud, supervivencia, educación, participación económica, empleo y poder político pero del hecho al dicho hay mucho trecho… aún.

Por eso, aunque la Constitución y muchas leyes protejan a la mujer, mientras no empecemos a educar a nuestros niños en el sentido de que podríamos entre todos imaginar, pensar, idear y hacer un mundo donde el género no defina a la persona más de lo que lo hace la raza o la etnia, estaremos dando vueltas en un círculo vicioso.  

Para concluir, pienso que otro tema esencial de género es deshacernos de la idea del género: los pronombres El o Ella son divisorios como lo es lo relacionado con la raza. Somos cada uno seres humanos únicos e individuales. Que las niñas no tengan que desarrollar un séptimo sentido de pasividad o inferioridad, que sean líderes si desean serlo, que levante la mano en clase y opine sin temor. Además, que nunca deje que le digan que las mujeres no pueden dirigir. 

Que los colores no nos pueden dividir desde recién nacidos y que su labor en este mundo supere con creces la labor y misión de solo parir y criar hijos.

Mientras tanto, debido a que desde la Unicef se afirma que aún existen desafíos para lograr la igualdad real para las niñas y las mujeres, deseo que se pregunten qué pensará una niña wayuú que a los 10 añitos ya sabe que su abuela la va a casar con un hombre mayor a cambio de una dote y que probablemente la golpeará, quedará embarazada muy joven y las oportunidades se le cerrarán cada día más.