Un nuevo modelo de departamento

El departamento de La Guajira, hoy más que nunca, requiere que las políticas públicas que se formulen en adelante sean para estructurar un nuevo modelo de departamento, y que este, además, esté articulado con el modelo de desarrollo nacional como un gana-gana.

Le corresponde entonces al nuevo gobernador, con el direccionamiento político y estratégico del nuevo gobierno, mejorar la capacidad de interlocución de la región con la nación, dadas las precarias condiciones financieras y fiscales de nuestro departamento.

El comienzo de la nueva era, demanda la formulación de un Plan Maestro de Desarrollo con un horizonte de largo plazo, o sea a veinte años. Donde se establezca adicionalmente, un memorando de entendimiento en lo fundamental entre nuestra clase dirigente y gremial para darle continuidad de manera obligatoria a los planes, programas, proyectos e iniciativas que en el 2020 se inicien como la hoja de ruta a seguir para alcanzar el nuevo modelo de departamento. Este Plan maestro, al que hago referencia, será la carta de navegación o documento rector que contendrá las iniciativas-proyectos más prioritarias y pertinentes, donde se condensan los lineamientos generales y los criterios necesarios para ordenar el territorio e impulsar y promover el desarrollo social y económico de nuestro departamento después de este holocausto que nos tocó vivir. Se necesita alinear los astros con los mandatarios elegidos popularmente para que se deje atrás, la vieja costumbre de pensar solo en las próximas elecciones de congreso y territoriales dejando tirado el libreto del desarrollo del departamento y perdiendo el rumbo.

El gobernante no puede hacerlo solo, como es natural, se requiere la movilización de todos los estamentos de la sociedad, los sectores productivos y los gremios, la academia y la sociedad civil en general, si lo que se pretende es lograr políticas de buen gobierno como todos esperamos. Ordenar la casa, cerrar las venas rotas del departamento y recuperar la soberanía tributaria, solo se alcanza con verdadero liderazgo institucional y cambiando la forma de gobernar para cambiar la imagen con moralidad pública y eficiencia administrativa. La Guajira requiere cambiar el modelo de administrarla, por tanto, el continuismo y el convencionalismo con las viejas prácticas, los viejos modelos, los mismos estereotipos y paradigmas, que nos llevaron al desastre, debe ser cosa del pasado.

El pueblo votó y exige un modelo transformador y esto es imperativo para ese grupo de ciudadano que hoy expectante reclaman como un compromiso solidario que se haga realidad ese pacto colectivo que hicieron en las urnas a través de la democracia participativa. Estamos obligados a cambiar la forma de gobernar y de administrar nuestros recursos. La juventud que nos presta hoy una parte de su futuro debe tomar cartas en el asunto, como centinela guardián de su propio desarrollo. Aquí no se trata de zarandear trapos azules o rojos, ni pensar en políticas de derecha, centro o izquierda. La Guajira está tocando fondo, nos tocó rodar por el suelo para aprender a mirar el cielo de oportunidades que tenemos, y hoy, también queremos disfrutar del arco iris del progreso porque hemos soportado la tormenta inclemente de la corrupción y queremos lapidar ese capítulo.

Con el nuevo modelo de desarrollo debemos empezar a cerrar las brechas que nos separan considerablemente de la media nacional. Esas brechas gigantescas que nos mantienen al margen del desarrollo y la prosperidad teniendo tantos talentos para lograrlo.

Esas brechas enormes entre la extensa guajira rural y la urbana. Esas brechas entre esta región de provincia, periférica y apartada del modelo de desarrollo que diseña la nación y que solo nos miran para brindarnos un asistencialismo de limosnas.

La Guajira no puede seguirse muriendo de hambre y sed, y menos en el analfabetismo.

Hay que conciliar la cultura con el desarrollo peninsular. Una nueva concepción de un modelo de desarrollo económico como una agencia de desarrollo económico local, sería lo ideal. Impulsando y promoviendo un nuevo modelo económico basado en volver la mirada hacia el campo y la agroindustria, a los recursos hidrobiológicos y del mar, al turismo, a la economía creativa y los hidrocarburos. Ese es el nuevo modelo de departamento al que estamos llamados a construir con lo mejor de nuestras edades y nuestro tiempo. Pero, sobre todo, con lo mejor de nuestros gobernantes sin sectarismos ni partidismos, ni coaliciones mayoritarias, sino pensando en lo mejor para La Guajira.