Un nuevo orden departamental

Que prueba y que experiencia enriquecedora e inolvidable para toda la humanidad estamos viviendo con la pandemia del Covid-19. Que forma tan peculiar de igualar los estratos, de poner a los ricos y a los pobres del mismo lado. Cuanto valor tiene la vida, la familia, la libertad y el orden y las instituciones del estado establecidas. 

Hoy el hombre está reflexionando con todo su discernimiento y todo su conocimiento puesto en escena. O cambiamos o nos cambia el nuevo orden mundial y nacional. Pienso que después de esta emergencia social y económica de grandes proporciones, el hombre renovará su pensamiento y su entendimiento. Estamos llamados a dejar atrás el viejo modelo de vida y a implementar uno nuevo.

La economía queda descuadernada, más destrozada que el Titanic en su desgracia. La población sin capacidad adquisitiva y sin tener a quien venderle su fuerza de trabajo y su mano de obra. Las entidades territoriales sin tener cómo asumir sus obligaciones, pues bajan ostensiblemente los ingresos por impuestos y servicios públicos. Definitivamente toda la arquitectura institucional del estado colombiano está golpeada y hay que reconstruirla. Pero lo más preocupante es la incertidumbre frente al escenario posible y probable de esta pandemia que nos deja un sin sabor y mucho escepticismo. Hasta dónde es el alcance de la epidemia y cuánta es su duración, aún no sabemos a ciencia cierta. 

El hombre está muriendo con este virus de trombosis pulmonar o neumonía, es otro interrogante por resolver. Que dice, la comunidad científica internacional sobre la invención de una vacuna para contrarrestar la pandemia, es la más seria inseguridad. Y así, existe un catálogo de interrogantes que ni los propios estados tienen la respuesta.

No quiero continuar en estos interrogatorios porque no quiero que los lectores piensen que estoy confundido como consecuencia del aislamiento obligatorio. Pero lo más importante es que el hombre de este siglo, comprenda el rol protagónico que tiene después de la pandemia. Por ejemplo, La Guajira debe dejar las polarizaciones y trabajar más en unidad alrededor de un interés superior, como es la vida humana y su calidad. Ya basta, de trabajar cada quien por su interés particular y no pensar ni en las presentes ni en las futuras generaciones de guajiros. 

De las cenizas que nos quedan debemos comenzar a reconstruir esta península, aprendiendo de los errores del pasado, sin quedarnos viendo el espejo retrovisor, buscando los culpables. La historia de la humanidad la han escrito hombres comunes y corrientes como los guajiros, y hay que asumir el desafío de cambiar la historia. No podemos seguir viendo que las cosas ocurran, hay que remar hacia el mismo lado y hacer que las cosas ocurran. Bastante hemos llorado sobre la leche derramada y llegó la hora del direccionamiento político y estratégico para construir un nuevo orden departamental.

En La Guajira como en el país, estábamos en los días postreros, donde el hombre se volvió un depredador de la naturaleza, arrasando con todo a su alrededor. Apartado del temor de Dios y viviendo sin sentido, creyéndose sabio en su propia opinión. Distante del afecto natural por sus semejantes, contrario a todo mandamiento de la sana doctrina. 

Los padres manchando sus manos con la sangre inocente de sus hijos y familiares, haciendo sexo hombre con hombre y mujer con mujer. Desafiando a Dios en su ira y quebrantando su misericordia y contristando al espíritu santo. Sin principios ni valores y donde todo se vale, porque esto se llamaba, sálvese quien pueda. Donde la codicia, el amor al dinero, al poder, a la fama y a las excentricidades nos alejaron de la humildad y nuestros orígenes. Hombres prepotentes y arrogantes, con un superego, creyéndose un Superman y un superhombre, porque todo lo tenían de rodillas a sus pies. Ese es el hombre de este siglo, generador de violencia, necio y cuestionándolo todo. Sin respeto por el orden establecido, sin obediencia a las leyes de Dios y mucho menos a la de los hombres.

Viviendo el hoy sin atesorar fundamento para el porvenir. Pensando solo en dinero y más dinero para comprarlo todo y venderlo todo. Por eso, la tierra ha comenzado a respirar y el hombre a expirar y a morir. Unos se preguntan cómo será el nuevo orden mundial. Será que estamos en una guerra biológica de las potencias o será la simple muestra de impotencia de la comunidad científica frente a los desafíos de la ciencia y el rigor científico.