Un problema social visibilizado en la entrevista de Zuleta

A raíz de la entrevista realizada por el humorista Fabio Zuleta al indígena wayuú Roberto Barroso, cuya declaración respecto de la “venta” de la mujer wayuú ha suscitado toda clase de comentarios, quiero expresar mi libre opinión acerca de lo dicho, el contexto en que se dijo y los efectos sociales de lo dicho, sin defender ni censurar a nadie, dejando claro que soy respetuoso de la dignidad de mujer wayuú –cuyo honor y dignidad no se vende– y de su cultura y tradiciones, pues tengo vínculos afectivos y de amistad con miembros de esa comunidad que me obligan a ser considerado y respetuoso en el tema.

Fabio Zuleta comenzó la entrevista preguntando: “toda la vida se ha dicho que en la Alta Guajira se venden las “chinitas”, a lo que el entrevistado respondió “sí todavía las venden”. De esta respuesta se puede inferir que para el señor Barroso siempre las han vendido, y a partir de su respuesta se entabla un diálogo entre el humorista y su entrevistado que se va matizando con el humor, los chistes y las bromas que va haciendo Zuleta a medida que su interlocutor responde sus preguntas; que si es verdad que las “chinitas” no tienen pelo abajo (son calunga), o qué si no se mueven cuando están enganchá, para hablar al final de un trato para que el “palabrero” le consiga una a Zuleta y dos más a unos amigos, y hasta el bellaco de Zuleta pidió rebaja en el precio.

Que fue un mal chiste puede ser, que Zuleta fue irrespetuoso, que ofendió a la mujer wayuú, eso cada quien puede juzgarlo como le parezca y depende de lo que le es moralmente aceptable y como percibe el humor. Para mí fue una típica mamadera de gallo costeña desprovista de malicia por parte de Zuleta, un tipo bonachón, jocoso, que hace humor costumbrista y con su desparpajo le pone color, picante y sabor a lo que dice; es desabrochado al hablar como buen costeño, echa cuentos, dice chistes y usa dichos como cualquier tipo común y corriente de la calle, fiel a nuestra tradición oral e idiosincrasia.

La entrevista se desarrolla en el contexto de una charla en la que el humorista utiliza el sarcasmo y su ingenio para mofarse de lo que le va contando el entrevistado, reírse y hacer reír al público, tipo de humor que se clasifica dentro del estilo grotesco o burlesco (J. Garzón también lo hacía). En ningún momento la charla trataba sobre el tema de la “dote” en la cultura wayuú, tradición fuertemente arraigada en esa comunidad, de naturaleza y con propósitos nobles distintos a negociar una mujer; que consiste en que el hombre entrega unos bienes a la familia de su pretendida para formar un patrimonio con el fin de asegurar el bienestar de la suya que va a establecer.
Zuleta pregunta en tercera persona utilizando los términos “se dice”, “es verdad qué”, sin afirmar nada, mientras el entrevistado –que se supone conoce de lo que está hablando– responde en primera persona, luego si hay un ofensor en este caso sería quien respondió afirmativamente no quien preguntó.

La respuesta dada por el señor Barroso “de que todavía las venden” es acorde con lo preguntado, si bien hubiera podido decir que no. El asunto es que el entrevistador la aceptó real o aparentemente, pero la aceptó y bromea con eso, pero más allá de eso desnuda una realidad como hecho social y es que en La Guajira –no nos digamos mentiras– también se presenta esa repudiable practica (aclarando que no es lo general ni lo normal), pero si se da en algunos casos que desde luego rechazamos y no podemos tolerar. Sin proponérselo la entrevista visibiliza un problema sensible e inhumano que nos negamos o no queremos aceptar y que algunos quieren tapar o justificar con la figura de la “dote”, como es la entrega de jóvenes mujeres a cambio de o por dinero, mancillando la dignidad y el honor de la mujer.

Aceptemos las cosas como son y en su contexto social real y no nos desgastemos en discusiones moralistas ni en denuncias o investigaciones estériles que a nada conducirán, porque ni el Procurador puede sancionar lo que dijeron Zuleta ni Barroso (no son empleados públicos) ni ahí hay delito. Seamos serios.

Para tratar esta realidad social –puesta al desnudo en la entrevista– que bueno sería realizar un gran Foro académico con la participación de importantes personalidades y líderes sociales, como el Antropólogo Weildler Guerra, Ismael Fernández Gámez (director de esta casa periodística), la Princesa Wayuú Primeria Barros, docentes como Texeira Aguilar y Emilsa Rojas Atencio, la abogada Estercilia Simanca, el sociólogo y exgobernador Álvaro Cuello, los medios, la Academia, gremios económicos, la sociedad civil, instituciones públicas y privadas, entre otros, con el fin de analizar y discutir a profundidad esta problemática social, con altura, dignidad y respeto por la cultura wayuú, pero aceptándola como fenómeno social, ojalá en lo posible acompañada de acciones, formulación de políticas públicas, ejecución de programas sociales y de bienestar que permitan erradicar esta terrible y abominable práctica, que es real, lo demás es doble moral.