El ser humano es integral e indivisible y como tal requiere crecer en cada una de esas dimensiones. La necesidad de desarrollarse en cada ámbito expuesto es inherente a su naturaleza constitutiva, por lo tanto, lo que identificamos como plenitud se experimentará a partir del momento que logramos avanzar en cada una de esas dimensiones. La conciencia y el progreso en cada una de ellas, es lo que traerá la sensación de felicidad. Cuando el ser humano no evoluciona o trabaja en todos los ámbitos, por mucho que progrese en varias áreas, pero en una o en varias esferas de la vida se estanca, en las que no crece, sentirá frustración. Y este sentimiento impedirá que pueda dar lo mejor de él.
Es lo que estamos viviendo hoy en el mundo, seres humanos incapaces de dar lo mejor de cada uno, familias destruidas, personas que se van a la tumba sin identificar para qué son buenos, enfermedades emocionales, hambre, pobreza, comportamientos inhumanos, caracteres violentos, desidia, apatía, destrucción del ecosistema, ambiciones desmedidas, rebeldía y muchas más conductas que reflejan la humanidad frustrada de hoy.
Creo que podemos cambiar el rumbo que llevamos a partir del crecimiento dimensional del hombre y la mujer y reorientar todos nuestros esfuerzos en lograr que los seres humanos busquen su plenitud anhelada desde las estrategias sociales y de gobierno.
No tengo duda que, al fomentar el Desarrollo Integral, estructuraremos un ser humano con las condiciones y capacidades para que pueda ir a buscar sus sueños y desarrollarse dentro de un entorno familiar que lo convertirá en un ciudadano que aporta al bienestar colectivo.
Un hombre y una mujer que tienen la capacidad de desarrollarse en lo emocional y afectivo se convierten en mejores miembros de la familia desde el rol que le corresponda desempeñar, una persona que fomenta sus capacidades intelectuales y desde ella hace germinar sus dones y talentos alcanzará la realización, un individuo sano proyecta y desempeña mejor sus capacidades, una persona que logra el sustento de su familia y tiene posibilidad de ahorrar y buscar su libertad económica, disfruta más de sus seres amados y de su sociedad, una persona que ayuda y se preocupa por los demás encuentra dicha y por último, un ser humano que desarrolla su yo interior y se encuentra consigo mismo, camina seguro hacia la felicidad. Un ser humano que se desarrolla integralmente en todas las dimensiones encuentra la plenitud de la vida.
El estado debe recuperar su visión como garante del desarrollo humano y reformular sus políticas públicas para la estructuración de una sociedad basada en el crecimiento del ser humano y las familias y su articulación con la colectividad. La pretensión principal de la educación, el anhelo de toda la planeación estatal, el sueño de la democracia, la meta más grande de los países, no es más que buscar que el hombre y la mujer se desarrollen en esas 6 dimensiones. Los esfuerzos de los gobiernos deben tener como objetivo primario fomentar, sin escatimar recursos, y lograr que sus individuos se desarrollen a plenitud en todas las áreas. Esa es la tarea.







