Una puerta estrecha y un camino angosto

Una puerta estrecha y un camino agosto le ha tocado en este largo trasegar al departamento de La Guajira para entrar a la repartición de los beneficios que el Estado hace a sus entidades territoriales. Tal y como está escrito en la parábola de la puerta estrecha: “…estrecha es la puerta y angosta la senda que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan”.

Esa ha sido la suerte que le ha tocado a nuestro departamento, porque no ha podido encontrar eco frente al Gobierno nacional a sus problemas estructurales y recurrentes. A La Guajira superpoblada, como consecuencia de la inmigración venezolana, hoy un censo poblacional del Dane como por arte de magia, le reduce la población, afectándole la asignación per cápita que hace la nación del Sistema General de Participaciones. A La Guajira intervenida en sus sectores sensibles, educación, salud y agua potable, le ha resultado peor el remedio que la enfermedad, porque los planes de desempeño no son los más promisorios.

La Guajira amenazada con intervenirle además los recursos de asignaciones directas, del fondo regional y el fondo de compensación regional del Sistema General de Regalías, perdería toda la autonomía recibida como consecuencia de la descentralización administrativa. Además, La Guajira inviable fiscal y administrativamente, con sus deudas con acreedores, los pasivos contingentes y las demandas recurrentes, la mantienen apuntándole con un arma a la cabeza para conducirla a Ley 550/93, hasta sanearse fiscalmente. Sumándole a todo esto, la crisis política y humanitaria, la crisis de la red pública, de La Universidad de La Guajira, la inseguridad ciudadana, la baja capacidad adquisitiva de la moneda y la falta de oportunidades de ingreso y de un empleo digno y decente. Sin que sea de menor importancia, la muerte recurrente de niños por desnutrición e inseguridad alimentaria y nutricional, la baja cobertura de los servicios públicos esenciales y la baja capacidad de logística y el mal estado de la infraestructura vial y poca disposición de infraestructura tecnológica. Pareciera a mi juicio que, en este país ancha es la puerta y amplia es la senda que lleva a la nación, y muchos son los departamentos que entran por ella y a mi parecer menos La Guajira.

Pero hoy con esta columna de opinión quiero exhortar a todos los guajiros, para empujarlos a transitar y a entrar por la puerta grande y por un camino amplio que nos conduzca a la nación con una verdadera interlocución desde la región. Con una mejor y más agresiva gestión parlamentaria, que piense más en los intereses del pueblo que en sus intereses políticos. Con unos mandatarios que vuelvan a hacer gestión pública con resultados. Con unos estamentos de la sociedad que se movilicen permanentemente en procura de mejorar su calidad de vida ganándole a esta imparable carrera del tiempo. La Guajira, hoy es una entidad territorial muy dependiente del Estado como lo fue ayer de las regalías. Tenemos que ser conscientes de esa dependencia y de esa limitación. Es muy poca la discrecionalidad que tienen nuestros mandatarios para manejar los recursos públicos, porque en su mayoría son rentas cedidas con destinación específica. Eso implica que tenemos que someternos a las reglas de juego del Estado ya que no podemos actuar de manera independiente.

La senda de la vida que tiene que andar el pueblo guajiro hoy es estrecha y por tanto difícil y con múltiples obstáculos. La puerta es estrecha por la mala imagen, por la inmoralidad pública, por los actos recurrentes de corrupción, por la confabulación con el contrabando y el narcotráfico y porque no cesa esta escalada de desprestigio contra La Guajira y seguimos dando papaya. También porque necesitamos más pertenencia con nuestra región, verdaderos dolientes, poniéndole el pecho a la brisa y que cese el canibalismo interno que hace carrera en el Departamento.

Si queremos realmente entrar y salir por la puerta grande de la nación, insisto en que debemos cambiar las prácticas políticas y la forma de administrar. No haciéndose elegir para pagar con el erario público las deudas de campaña, sino la deuda social con un pueblo que tiene el ceño fruncido por la desesperanza. El camino es angosto porque la gente no puede entrar por ese camino y seguir viviendo como quiera vivir. Por eso los invito a todos, a construir una puerta grande y un camino amplio para transitar en el futuro, con la frente en alto ante la opinión nacional.

rafaelhumbertof@gmail.com