Una realidad camino a la nostalgia

¿Por qué será que cuándo tienes el alma en modo “cuidados intensivos” por sucesos como la muerte de Jorge Oñate se vienen a la mente, a borbotones, ideas, pensamientos, reflexiones de lo que debió ser y lo que debe ser  en materia de cultura y folclor, o en cuanto a la protección de nuestra música tradicional vallenata? Ahí comienza uno a construir escenarios hipotéticos sobre su presente y futuro, pero otros escenarios que se soslayan, parecen más bien proyecciones de ese presente y futuro.

En estos momentos la música tradicional vallenata cuenta con el menor número de intérpretes fieles a su formato o esquema musical pero hay en el ámbito de la música con acordeón la mayor cantidad de intérpretes que cultivan varios estilos adyacentes a la música tradicional vallenata. Eso me permite construir un escenario de proyección sobre las responsabilidades que se tienen con esta manifestación que es identidad folclórica de nuestra región y hoy difundida por muchas regiones del planeta, y con la Unesco.

Son pocos ya los representantes auténticos de nuestra música tradicional y es verdad que su futuro, su preservación y curva de difusión están realmente amenazadas.

Es ilusorio cuando los presentadores de los festivales de música tradicional vallenata y cuando comentaristas de esos eventos dicen: “por el número de inscritos en las diferentes categorías de concursos, tenemos música tradicional vallenata para rato”

Ese número de inscritos no aseguran el futuro de nuestra música vernácula. Ese número de inscritos serán grandes artistas pero presiento que están lejos de tener como denominador común y en agenda propia la misión de defender, preservar y seguir impulsando la esencia de la música tradicional vallenata.

No está escrito ni existe un manual como el álgebra de Baldor, de cómo apropiarse de esa tradición musical, o sea, como construir arraigo, pero es tal la preocupación, que hace tiempo existe un Plan Especial de Salvaguarda. Esto resume 2 asuntos diferentes.

El primero, comienza con el entendimiento del espíritu de Chico Bolaños, Luis Enrique Martínez, Pacho Rada, Chente Munive, Escalona, Leandro Díaz, Nando Marín, Cirino Castilla, Adán Montero, por solo nombrar unos cuantos. Cómo vivían e interiorizaban su don musical, su talento y cómo lo hacían parte de su ADN y cotidianidad.

Hoy los participantes inscritos, y nos está pasando, la mayoría una vez que terminan su presentación en tarima, los acordeoneros se bajan a recrearse con interpretaciones fuera de la música tradicional y aún peor, muchos no tienen ni idea de quiénes eran las piezas que acaban de  interpretar. En las participaciones los cajeros en sus presentaciones se adornan con excentricidades y no rememoran la base interpretativa de su instrumento; la guacharaca es quizás, cuando acompaña una presentación en festivales, el instrumento que más ha conservado tradición. Ojo, reitero, cuando participa en un festival.

En cuanto el Plan Especial de Salvaguarda, si, es un magnífico documento que como espada de Damocles nos amenaza, pero recoge hechos, circunstancias y propone medidas para corregir y salvar nuestra música.

He escuchado, no sé si como disgusto o rebeldía de algunos cultores, que es obsoleto que lleguen los participantes “a tocar las mismas viejas piezas que se oyen en todos los festivales”. Lo que pasa es que esas mismas piezas no le pueden cortar la creatividad a nadie para que hagan interpretaciones magníficas pero con ejecuciones que no agredan la tradición, de lo contrario, que la engrandezcan y preserven. Y no es que solo tengan los ejecutantes que aprenderse unas cuántas piezas musicales para participar en un festival, sino que deberían conocer muchas de ese rosario de canciones inmortales con que se edificó la tradición.

Entonces, preservar la tradición está pasando de necesidad a urgencia. Sin querer hacer inventario funesto, no son muchos ya los juglares que van a mantener viva e incólume esa tradición. Nos quedará cómo en la música mejicana, lo que se hizo, y luego vendrán las añoranzas y nostalgias.

Aclaro, frente a esta realidad, no estoy proponiendo que se deje de modernizar la interpretación de música en acordeón. Estoy es solicitando la asunción de esa responsabilidad que se tiene con la supervivencia de nuestra música vernácula.

Hago un llamado para que las tantas escuelas de música tradicional vallenata que existen con magníficos maestros de la interpretación, no solo enseñen a ejecutar, sino que también enseñen la historia, la esencia musical y concienticen a los alumnos de qué es Música Tradicional Vallenata, y del peligro de extinción que existe de la base musical de lo que están aprendiendo.