¡Va a haber tendereta!

En un poema tomado como consigna del holocausto y las guerras cuya autoría se disputan el pastor protestante Martin Niemöller y el escritor y dramaturgo alemán Bertold Brecht se propone un discurso sobre la indiferencia resumido en que la fatalidad vino por los otros y no importó hasta que finalmente vinieron por mi. El contralor departamental de La Guajira lo dijo de la manera pintoresca como se asume la vida en los coloquios de provincia, empleando una expresión que el folclor ha elevado a su máxima potencia: “Como llegue el virus a La Guajira, va haber tendereta”.

Las diversas formas de la tendereta ha empezado a observarse en las redes sociales donde se victimiza a los casos posibles de infectados con el virus, como ha hecho el hombre desde sus tiempos de barbarie, actuando para protegerse, lacerando a los leprosos, golpeando la lumpen; bajo el gobierno de su instinto primitivo y la supresión de sus propios temores. La expresión de una autoridad institucional de la región, a quien se le confía la responsabilidad de hacer vigilia sobre los sagrados recursos públicos y quien debiera instruir a los alcaldes sobre el eficiente destino de los recursos para atender la epidemia, en lugar de pronosticar tenderetas, como un coloquio de parranda.

Pero la desmesura del encierro permea todos los sectores. La prensa no está exenta. Por qué el reducto de información confiable y entretención que debieran sufragar los medios en el confinamiento, se ha saturado por las noticias sobre las incidencias de la pandemia y un alto porcentaje, es contenido inútil. En lo local, la funesta coyuntura ha dado para viralizar informes de medios alternativos que sin ningún protocolo difunden todas las señas sin recato ni escrúpulo de los casos de contagiados como extras noticiosos. Se pierde el criterio de responsabilidad de la información cuando se sube al riel ciego de las redes sociales y empiezan a aparecer los rostros con marbetes que vilipendian y discriminan, sin el más mínimo respeto por la integridad de la persona señalada y su entorno familiar y social.

El peor virus ha terminado en convertirse el afán por información privilegiada aunque sea falsa, para luego no saber que hacer con ella, reenviarla o replicarla, que es una forma de soltar la papa que nos quema. La esquina oficial repite el estribillo de distancia social y confinamiento en una sociedad que administra el ocio en colectivo, claustrofóbica por naturaleza, poco dada a la introspección; en la que poco prosperan los hábitos lectores y la meditación. El quédate en casa, se interpreta en que la casa es el barrio y la calle el patio. Por eso la tendereta se traduce en una autoamenaza en la que aún odiando la muerte, se elige no temerle.