Vemos mucho, contemplamos poco

Hoy vemos más que nunca. Nuestro mirar se ha extendido cuan amplia puede ser la cobertura del móvil que utilizamos.

El internet nos introduce a los lugares más inaccesibles, bellos, maravillosos, exóticos. Nos abre las puertas a infinitas posibilidades de aprender, estudiar. Es hoy una de las plataformas más exitosas para trabajar, cómodamente desde la casa donde habitamos.

Nos descubre panoramas ecológicos y de la ciencia, que sobrepasan las posibilidades de nuestro aquí y ahora. En qué estás interesado que tu dedo cómodamente puede abrir páginas para quedarte boquiabierto con lo que ves, descubres, aprendes. También, cuantas páginas se abren para alimentar mentes torcidas, placeres a la carta. Qué no diremos respecto al ya indispensable, necesario y omnipotente WhastApp abriendo comunicaciones de todo tipo, desde las más íntimas a las más indiferentes.

Estamos en el fabuloso mundo digital que plenifica la mente, la imaginación, que llega hasta el cansancio. El “Whatsapp” no tiene descanso ni de día ni de noche. Está abierto en la calle en las habitaciones, en las aulas, en los corredores de hospitales, entre las filas militares, en los autos, en los parques, en cualquier esquina, ¡hasta en las iglesias! Estamos en el “destape” más impresionante, fascinados por estos medios modernos tan extraordinarios, tan excelentes, que aportan tanto. La novedad del medio se ha universalizado, hemos quedado encandilados y lo usamos hasta el exceso.

Y ciertamente, que Dios nos ha dado los ojos para ver. Quién les dijera a nuestros tatarabuelos lo que nuestros mojos verían con el pasar de los años. Hoy se disputan las horas digitales desde los más ancianos hasta los más jóvenes. No obstante, hay otras formas de ver. Nuestro ser humano es inconmensurable en la forma de ser y de expresarse. Existen comunidades humanas que han utilizado la contemplación como una forma de adentrarse en lo más profundo de la intimidad humana. Contemplación que conduce a buscar relaciones con el mundo de las ideas, de lo sentimientos, de la filosofía, metafísica y desde luego, con el mundo de la divinidad. Esta forma de ver tiene su propia consistencia, es un ver de otra forma, es un saciarse desde otras alternativas. Es un gozar en la visión de esas realidades tan intangibles como las imágenes virtuales que utilizamos, pero no por eso, menos reales, menos satisfactorias, menos atrayentes, menos golosinantes.

Existen y han existido creyentes que nos prueban la evidencia de ese ver profundo, místico, deliciosamente atrayente, que llena sus personas de satisfacciones inexplicables. Santa Teresa de Jesús, Santa Catalina de Sena, San Francisco de Asís, San Pío de Pietrelcina, San Juan Pablo II, San Juan Bosco y miles más, nos dan el testimonio de ver con la mirada del alma, del espíritu. Ellos nos hablan elocuentemente de la fascinación de la contemplación, por medio de la cual descubren el misterio de Dios en su dimensión más humanamente posible. Nos hablan de su luz, de su potencia, de su grandiosidad, de su soberana majestad, de su fascinante atracción, que desborda y hace insignificante cualquier sentimiento humano y todo porque ven desde la contemplación, que es un iniciar no digital sino existencial, supra vital para descubrir un mundo tan extraordinariamente fabuloso, que San Pablo, llega a decir que ni ojo vio, ni oído oyó lo que un ser humano puede llegar a vivenciar por el camino de la altísima contemplación. La contemplación no excluye a nadie, está a la disposición de cualquiera como el internet y el “WhatsApp”.

La contemplación está al alcance de todos, porque contemplar es humano. Todos tenemos los elementos y los ingredientes para ser profundamente contemplativos. Ver digitalmente cansa y puede generar vacío, depresión, hasta insatisfacción. La contemplación recrea, produce una paz infinita, facilita el crecimiento espiritual, ofrece unas satisfacciones tan profundas y gratificantes que llenan de madurez, de sabiduría, de alegría. Purifica los escondrijos más recónditos de nuestro espíritu, ofrece la sanación y la liberación más exquisita. La contemplación está por ser redescubierta en nuestro mundo digital contemporáneo. Frente al ver está la alternativa de contemplar.