Vicenta Siosi Pino, la escritora del empoderamiento femenino rumbo a Europa

Las  letras  de  esta admirable y fuerte mujer  wayuú,  han sido un referente de la escritura y la creatividad étnica local con la marca indeleble de su impetuoso ser indígena desde hace varias décadas. Sus primeras historias comenzaban a ver la luz a finales de los ochenta. Y es que, aunque Vicenta María  Siosi  Pino  estudió Comunicación Social y Periodismo en la Universidad de la Sabana en Bogotá y posteriormente  una  especialización  en  Planeación Territorial en la Universidad  Jorge  Tadeo  Lozano, la literatura ha sido no solo su más férrea vocación, si no, su más grande misión de  vida:  “Me  asombraba que en todos los años que estudiamos  literatura  en la  universidad,  nunca  leímos  mujeres  indígenas”.

Actualmente, Vicenta cursa con  evidente  entusiasmo, una Maestría en Escritura Creativa en la Universidad Nacional.

La dedicación y disciplina con que asumió tiempo atrás la magnitud de su natural talento, la ha llevado cada tanto como invitada a eventos  internacionales  y a las connotadas ferias del libro  alrededor  del  mundo y  en  Colombia.  Participó como invitada en Hay Festival en Cartagena y en la versión especial que en Riohacha se llevara a cabo de este  reconocido  escenario, algunos  años  atrás.  En  el año 2019 proclamado como el  de  las  lenguas  nativas estuvo en la Feria de Guadalajara  donde  fue  homenajeada al lado de otras dos escritoras.  De  este  magno escenario mexicano, guarda los mejores recuerdos.

Sus recuerdos del primer concurso en el que participó están intactos: “Esa vez no quedé ni de primera, ni de segunda ni de tercera…¡De nada!” expresa entre risas, y continúa: “Pero mi cuento titulado ‘Esa Horrible Costumbre de Alejarme de Ti’, llegó por un milagro de Dios a las manos de Justo Pérez Van  Leenden,  siendo  rector de la Universidad de La Guajira,  quien  lo  publicará muy rápidamente en el año de 1992 y eso impulsó su difusión nacional, a través de otros medios como El Tiempo, gracias a Enrique Santos”.

Recuerda  recibir  constantemente llamadas a su teléfono  fijo  y  cartas  que aún conserva, de sus lectores a lo largo de la geografía nacional,  quienes  reconocían el inmenso valor de su talento como escritora y el magnetismo  de  sus  historias frente a las que muchos hemos caído rendidos como prendados por alguna especie de sortilegio literario indescriptible: “Hoy son otros tiempos y hay otros medios de  comunicación,  pero  en esa época esa era la forma”, expresa  con  un  toque  de nostalgia en sus palabras. Hoy sus obras hacen parte de los talleres de lectura de varias universidades a nivel nacional, y su obra ha sido objeto de estudio de varias tesis y diversos trabajos de investigación.

Sobre los rituales wayuú, reconoce que en el caso del encierro  o  asürütnüsü  en wayunaiki,  además  de  to-das las enseñanzas, creencias y el conocimiento que es  transmitido  y  que  las jóvenes reciben durante el mismo,  está,  el  hecho  de ayudarles  a  desarrollar  la capacidad de escucha y la paciencia  como  atributos esenciales de las wayuú. Y de esta última sí que lo sabe ella, pues su cuento ‘La señora Iguana’ aunque fue escrito en el año 2000, fue pu-blicado 20 años después por la editorial Norma y su difu-sión continua en auge, aún en medio de la ralentización que la pandemia impuso en las ventas de los comercios y las librerías no fueron ajenas a este fenómeno. La noticia que será publicada en versión braille, dibuja una amplia sonrisa en su rostro por la satisfacción de llegar también, a la población invidente.

A lo largo de su ardua labor  literaria,  ha  tocado  la vida de innumerables niños y jóvenes a través de dinámicos talleres de escritura creativa  en  las  escuelas  y los centros etnoeducativos a través de los cuales se propone  estimular  el  talento artístico de esta población en  la  que  considera  que existe  un  potencial  gigantesco: “La facilidad con que los niños crean, se manifiesta en las artes y las letras constantemente y de manera natural”.

Recientemente,  ‘No  he vuelto a escuchar los pájaros’ se ha tomado el panorama  local  para  poner  de presente con la misma vehemencia y sinceridad que la  caracteriza  como  mujer guajira,  las  problemáticas que aquejan a las niñas y jóvenes wayuú y que atentan contra la inocencia, la libertad y la preservación de la cultura,  generando  dolor, desarraigo y en algunos lamentables casos, vergüenza étnica. Al mismo tiempo, en ‘El honroso vericueto de mi linaje’ expone los detalles de su casi inverosímil historia familiar, la cual bien podría constituirse  fácilmente  en el guión de una novela o filme, por la magnitud de los hechos descritos. Reconoce con nostalgia la potencia de la voz de su madre Nicolasa Pino, quien vive en Riohacha y se desempeñara como rectora del Colegio San Antonio de Pancho, siendo una excelente narradora innata, aunque se opusiera en principio a que esta historia fuera conocida en las letras de su talentosa hija.

Con su maleta y su mochila wayuú, la literata partió el 12 de septiembre hacia Madrid, donde ha sido invitada por el Embajador de Colombia en ese país, a la Feria del Libro, pues su nombre fue referenciado al lado de otros escritores colombianos por el Ministerio de Cultura; de allí viajará a Copenhague donde también participará en el Festival de la Literatura de esa ciudad.

Su mensaje de narradora perseverante y su poderosa voz de mujer wayuú, seguirá tomándose los escenarios del mundo llevando consigo una misión vigente, de defensa y protección de los derechos de la infancia y un mensaje de empoderamiento,  fortaleza,  resiliencia  y esperanza  por  el  presente y el futuro de las niñas, las jóvenes  y  las  mujeres  de su  etnia.  Sus  coterráneos la  estaremos  esperando  a principios de octubre a su regreso,  para  celebrar  con ella  los  merecidos  logros que su prolífica obra le han generado a lo largo de su exitosa carrera como escritora, contribuyendo en gran medida al engrandecimiento del nombre de La Guajira como la tierra que la vio nacer, y muy especialmente de  Panchomana  como  su entrañable territorio ancestral. Grande Vicenta María, ¡Esa eres tú!