Violencia e indignación

Por Martín Nicolás Barros Choles

La indignación es un sentimiento negativo que se reflejan en las personas con irritación y enojos por hechos y circunstancias afectivas, repercutiendo en iras por causas extrañas, más de las veces desbordadas e incontrolables, con reacciones innobles y desmesuradas de trágicas y funestas consecuencias que acarrea la cegué, impulsadas por hechos inequitativos, violentos y revanchistas, que concluyen en irracionalidad, justificada para responder ataques frente a direcciones y blanco determinado.

La indignación puede originarse por diferentes motivos hirientes que sacuden sentimientos y emociones en personas no solo explosivas, sino también pasivas, puyadas y hastiadas de soportar pacientemente rigores, acosos y humillaciones. El irrespeto a los derechos naturales y fundamentales, constituyen indignación en quienes entienden y comprenden su importancia, donde se dirigen normas legales sobre manejos de recursos. En nuestro medio político, social y administrativo, la indignación es común, palpada en inconformismos y protestas, reclamando derecho y justicia como el pan de cada día, provocadas de distintas formas para causar malestar premeditado, generando efectos nocivos y dolorosos.

Los odios y rivalidades políticas para manejar los gobiernos y poderes públicos, se plasman en defensas de intereses para opositores y  seguidores, en acciones rutinarias y de sometimientos.

La polarización y la corrupción son los combustibles para encender y exacerbar indignación que, de no controlarse, sería impredecible presumir y calcular resultados macabros en reacciones de hechos violentos. Protestar y opinar son derechos colectivos, particulares e individuales, procedentes y viables en cualquier democracia o gobierno del pueblo. Pero estas deben ser mesuradas y civilizadas, sin causar ninguna clase de daños materiales, ni morales, con arengas denigrantes para no desteñir los propósitos de luchas defensivas y reivindicatorias.

“Lo cortés no quita lo valiente”. De igual forma se cuestiona las represiones ejercidas por la policía, en especial el antidisturbio (Esmad) utilizando elementos y armas letales que causan graves daños en humanidad de las personas, ocasionando hasta la muerte, como ya ha ocurrido varias veces. Las incomprensiones y las alteraciones, son factores de choques y conflictos, que no nos llevan a nada bueno.

La violencia no hace más que generar miedo y multiplicar violencia, con predominio del terror que causan las armas y masacres en cualquier lugar donde ocurra, ejecutados por bandas, autores y gestores de hechos criminales, independientemente de que sean oficiales, cuerpo armado del estado-nación o de organizaciones militares al margen de la ley.

Aplaquemos la violencia para que no se profundicen los odios, que nos habitúan a vivir y morir en violencia. Respetemos la vida y dignidad humana. Reconozcamos: errores, horrores y perdonémonos. Todos somos culpables de lo que pasa por acción, omisión, indiferencias y temor. Ni el gobierno, ni los partidos políticos, religiosos, ni la ciudadanía; pueden silenciarse para que la violencia, se extienda y haga de la suya. No perdamos tiempo en justificaciones y discusiones cerradas.

Bajémosle intensidad al registro histórico de la violencia, disfrazadas por motivaciones políticas de extremas, izquierdas y derecha, que solo compromete, a quienes se aferran al pensamiento y ordenamiento absoluto de quienes los manejan y dominan a sus antojos. Oremos por la paz, redimiendo: zozobra por los peligros que enfrentamos y estamos expuesto por causa de violencia. La unidad hace la fuerza.

No tenemos nada que perder si intercedemos en pro de la paz, sin estar inclinados a los lados de actores, organizaciones o partidos políticos, con rezagos, antecedentes repudiables, atribuciones violentas y criminal, para que no se considere que el gesto de buena fe, persiga exaltaciones, ni menos rendimientos. Tampoco descalificaciones en opiniones de juzgamiento aprioris, sino reflexiones que ayuden a humanizar los hechos violentos internos, a cesar los odios, perdonando y compartiendo, de manera respetuosa y cordial diferencias, en armonía democrática. Frenemos y erradiquemos conjuntamente la violencia y cosecharemos paz. Palabra que sí.