Volver a Villanueva

Yo solo te pido que no me eches al olvido Villanueva mía.

Yo solo te imploro que no me dejes tan solo por que moriría.

Déjame tropezar en las piedras de tus calles de poesía.

Déjame brindar por ti,

Déjame cantar tus cantos,

Déjame sentir tu llanto Villanueva mía: Hernando Marín

Esta columna la escribo con la “guajiridad” encendida, con el amor por mi tierra a flor de piel, con esa sensación de retorno al útero existencial – al vientre de mi vientre – a mi súper abuela Rita Contreras leyenda viva de Villanueva, quien a sus 107 años sigue sonriendo con la fuerza de las mujeres de mi tierra y en su discurso demuestra ese reconcilio que ha logrado entre la vida y la muerte, estremece el alma estar en su presencia y escuchar su “cantaito” al hablar, demostrando que su memoria está intacta y que no hay historia que se le escape.

Mi súper abuela supera cualquier teoría de empoderamiento femenino, ella tiene mil historias que la convierten en el ejemplo más poderoso de liderazgo y valentía, hace unos años descubrí su feminismo puro y empírico sin contaminaciones de modas mediáticas, ella me recordó que en su infancia no fue al colegio y que no podía votar, entre otros derechos no garantizados por el hecho de ser mujer. Su resiliencia no tiene límites y es inevitable despertar la valentía con su historia de vida.

Volver a Villanueva es sentir el sabor de la comida provinciana, del abrazo sincero, de la sombra de los frondosos árboles del patio de mi súper abuela, hoy comprendo esa sabrosura con la que habla el ‘Nene’ Acosta (uno de mis cuenteros favoritos) contando las historias de su Monguí del alma, lo hace con la autenticidad del guajiro neto y nos conecta con su pasión costumbrista; hoy soy eso, una guajira sentipensante por su tierra y que tiene el honor de ser del mar de Riohacha y del Cerro Pintao de la linda tierra villanuevera, soy provincia pura, vallenato en guitarra, reencuentro, amor provinciano, creyente del realismo mágico y fiel amante de las costumbres de mi tierra.

Este viaje tuvo un sentido diferente, un día en medio del trajín citadino que sin avisar colapsa nuestras vidas experimenté una nostalgia profunda por mi abuela, emprendí el viaje y me reencontré con ella – con toda ella, esta vez riendo un poco más que de costumbre como si quisiera demostrar que al mal tiempo la mejor cara, hablando de despedidas como nunca antes y recordándome que todos los días tengo su bendición, son espacios de vida donde inevitablemente se arruga el corazón pero se siente la paz del amor puro, de entregarme toda en un abrazo, de no guardarme ni una palabra de amor para ella, saber que hasta en su despedida tiene mucho de valentía y confiar en que ese amor que tiene por la vida le permitirá pasar a sus 108 este 31 de octubre, fecha en la cual, sus hijos, familiares y amigos tienen por costumbre reunirse a celebrar la vida de la mujer “roble” de Villanueva, la matrona centenaria que ve pasar los años con la paz que solo ángeles como ella pueden experimentar.

Volver a Villanueva es reverdecer y retornar a momentos que solo se viven en suelos como ese, visitar a las Corrales, recibir su abrazo cariñoso y comprar los mejores dulces, reencontrarse con amigos que son tejedores de esperanzas como Imera Mejía y María José Ospino, hablar con los tíos y abrazar la naturaleza propia de un pueblo al que la sierra custodia.

Volver a Villanueva es salvarse del caos citadino y vivir la humanidad que se enmudece con el correr de los días agitados, es saborear la gastronomía autóctona de la tía ‘Tere’ y reír con los cuentos que solo entendemos los nacidos en el territorio; el retorno al útero permite descansar y repensar que en la vida lo importante no es correr más y estresarse al extremo, sino vivir cada minuto como el único que se tiene, reconociendo que estamos prendidos de un hilo y que este puede durar más de 100 años como mi abuela o muy pocos como los de seres que parten con la prisa de la muerte atrevida. Volver a Villanueva es un viaje hacia mi universo, un festival de melancolías, risas, anécdotas y cultura que dan vida. La guajira es cultura y Villanueva es la cuna.

Ñapa: Pido al cielo que los nuevos gobernantes que serán elegidos el 27 de octubre del año en curso, valoren a Villanueva y lideren una gestión que le aporte al desarrollo que merece y necesita esa bella tierra.