¿Volveremos a la guerra?

Mientras la guerra horroriza en la humanidad, algunos individuos se nutren de la sangre, las muertes y el dolor, insinuando al Ejército a enfrentar el fuego interno, exponiéndolos a crucifijo a humildes y pobres soldados, utilizándolos como objetos desechables para después glorificarlos hipócritamente con el título de héroes de la patria.

A la paz llegan quienes la desean voluntariamente, deponiendo y echando a lado causas y motivos que las originaron, perdonando. Acuerdo perfecto de paz. No se materializa en ninguna parte. Se valora la intención y el interés por consolidarla. Tienen curvas, lagunas y colinas; pero lo importante que se logre la convivencia en concordia, armonía y respeto; en relaciones y diferencias de criterios y opiniones, pero con buen entendimiento en los planes y programas de bienestar colectivos. Es necesario tolerar, equívocos y errores, informando y aclarando amablemente. Es difícil compartir con temerarios, radicales, estúpidos e imbéciles despistados que no ameritan que les presten atención ni mucho menos perderle tiempo en escuchas y discusiones.

La guerra no depende sino de las partes en conflicto, pero nos afecta a todos, quedando en medio de dos fuegos y lo peor, nos toca financiarla contra la voluntad con incrementos de impuestos por una parte y por la otra, con extorsiones, vacunas y secuestros. Los actores y protagonistas de la guerra, entre el gobierno y las Farc, parece que no lucieran en otro campo de acción sino la pelea. Uno y otro incumplen acuerdos, así sean veniales no raros en algunos ítems. Pero los vitales en compromisos de afinaciamiento y transición no deben descuidarse de obligaciones suscritas para sostener la intención de paz con los guerrilleros de las Farc. Que la guerrilla se fraccione en acuerdo de paz, no es nada nuevo, en la historia guerrillera los viejos comandantes de las Farc, Marulanda, Jacobo Arenas y otros, se iniciaron en insurgentes o guerrilleros en aquel entonces los llamaban “chusmeros”, perseguidos por el Ejército y la Policía chulavita.

Una parte se amnistiaron e indultaron con el Frente Nacional. Seguidamente se inició la otra organización guerrillera ELN. Las organizaciones guerrilleras Farc, ELN y EPL, han suscrito acuerdos de paz, pero no todos se acogieron, reorganizándose reductos, para mantenerse y explotar el uso de las armas, en bandas y carteles, al servicio del negocio del narcotráfico.

No se puede es echar por la borda el acuerdo de paz, haciéndolo trizas, porque algunos miembros de la organización guerrillera, decidieron retomar las armas. Se necesita valorar y proteger, aquellos guerrilleros que pacientemente entre circunstancias adversas, soportando dificultades y sobrellevado la transición a la paz.

La guerra es un negocio rentable que absorbe presupuestos y bolsillos. Es una práctica que utiliza los EE.UU., para vender y obligarles a comprar armas, a estados o naciones que apoyen. De una u otra manera, el expresidente Álvaro Uribe quiere deshacer y sabotear el acuerdo de paz, insinuando y provocando, hechos negativos y criminales para que el presidente Duque les cumpla sus órdenes. Así parece que se van a pasar los cuatro años, terminando en un mandato inservible.

Al comandante ‘Iván Márquez’, ‘Santrich’, ‘el Paisa’ y ‘Romaña’, entre otros; en condiciones más de debilidad que de fortaleza, dieron un ‘papayazo’ para felicidad del presidente Uribe, exponiéndose a unos desafíos de los cuales fueron víctimas Jojoy, Cano y Reyes; quedando en la mira de las persecuciones y ejecuciones. Mientras los promotores, autores y ordenadores se ubican en sofisticadas oficinas, departiendo con whiskys, a los pobres soldados les toca combatir a sangre y fuego; lo mismo ocurrirá con disidencia de las Farc. Darán órdenes desde Venezuela o Cuba, reclutando menores, hijos de indígenas, campesinos y venezolanos; para echarlos al fuego irrespetando el derecho humanitario.

No apoyemos conflictos armados ni guerras provocados porextremas izquierda y derecha. No tengamos miedo, repudiarlas y rechazarlas, con dignidad por los daños y perjuicios que nos causan.