Vuela mariposa que ya no eres gusano

“Yo no quiero ser mujer,  odio serlo, si no fuera mujer no hubiese vivido todo lo que me ha tocado vivir” me dijo Flor sentada en el bordillo del jardín de mi casa. Me contó que no era la primera vez que intentaba quitarse la vida.

“Cuando estaba pequeña y me empecé a formar me aplastaba los senos con cinta pegante para que no se me notaran, y el cabello recogido lo metía dentro de la blusa del uniforme,  me comportaba como macho, peleaba con los varones, defendía a mis hermanos, para que los hombres no se  fijarán en mi”,  su papá, cada vez que llegaba borracho,  maltrataba a su mamá, y luego iba por ella, la halaba por el pelo y las acaba de debajo de la cama, donde se escondía para evitar su maltrato físico, psicológico y abuso sexual. Creció odiándose, creyendo que ser mujer es lo peor que puede pasarle a alguien. Sin valía personal entregaba su cuerpo a la promiscuidad, siempre con alguien con quién no habría futuro, con pésimas relaciones personales.

Rechazo: condición en la que  la persona que se rechaza a sí misma, al grado de provocar lo mismo en los demás, hasta lograr quedarse sola y demostrarse a sí misma que nadie la ama. No encuentran lugar en la vida, no pertenecen a nada, ni a nadie, no tienen identidad propia, les cuesta recibir amor y en consecuencia darlo, son apasionadas, controladoras, insaciables, hacen mucho, logran mucho, pero nada las sacia. Lograr que lo superen o que al menos entiendan de qué se trata y lo resistan es nuestro trabajo. Y no se logra sino en oración, ayuno para quebrantar la orfandad que es la raíz del rechazo y trabajando fuerte en la identidad de hijas, en habilitar la capacidad de amar y dejarse amar cercenada en la mayoría de los casos desde el vientre, al nacer o en la primera infancia. Huérfanos con padres vivos.

Sanar es posible, es cuestión de lograr la conexión con su verdad a pesar de la realidad que vive. Nos basamos en verdades eternas.

1.     Pues todos los que son guiados por el Espíritu de Dios son hijos de Dios. Por eso los sellamos con el Espíritu Santo para que nos guíe a esta verdad: Dios es nuestro padre.  Necesitamos una alta dosis de paternidad,  hasta derrotar la orfandad; somos hijos de un Padre que nos provee pertenecía, propósito y destino. Desde aquí partimos para hacer depósitos perdurables de amor propio y para los demás. Conectar el corazón de los hijos al Padre es la clave para romper con la orfandad.

2.     Luego una dosis exagerada de esta verdad: Pues somos la obra maestra de Dios. Él nos creó de nuevo; para restaurar o implantar: confianza en sí mismas, valía personal, estima adecuada, saber que somos la obra maestra del que nos creó, nos pone en otra perspectiva, mirar el cielo, las constelaciones, el mar y todo el mundo marítimo, la naturaleza, con su flora y fauna, y saber que todos juntos no son más preciosos que nosotros,  es otro nivel.  Es el nivel de consciencia que nos permite relacionarnos de manera adecuada con los demás; conectar con nosotros como la obra perfecta de un creador que todo lo hizo bueno, es la clave para erradicar el rechazo, el mal más terrible que un ser humano pueda vivir.

Flor, trabajó muy duro y creyó, se sintió orgullosa y feliz de ser mujer, se casó, tiene dos hijos, aún en permanente observación de sí misma, pero volando bonito y hermoseando su entorno. Aprendió a ser tan fuerte que ahora trabaja en suavizar. Lo hace con quién quiere.

Doy la gloria a Dios, porque es él quien lo hace. La tomas, las abraza y las restaura. Es un proceso maravilloso, tomamos el gusano, lo metemos en la ninfa y dejamos que el poder y la fuerza del amor lo convierta en una hermosa mariposa, que aprende a romper por sí misma la ninfa, despliega sus alas y  empieza a volar, a hermosear el ambiente, a ser deseada y amada.

Entonces es cuando les digo Vuela Mariposa que ya no eres gusano. Soy Flor, soy Ana, soy Victoria, soy Violeta. Soy cada mujer que clama por libertad.