Wayuú waliriyuu

Estas son palabras de un wayuú de la e´iruku waliriyuu de wuimpumuin, Zona Norte Extrema de la Alta Guajira, hijo de pausayuu, nüitkeyuu wayuu uraliyuu. Quedarse en la casa significa que no quieren que nos pase nada malo, es además, costumbre de nosotros los wayuú quedarnos en casa; no es creación de Alijuna ni de los jóvenes wayuú. Las mujeres wayuú ancianas se quedan en la casa para arrullar y cuidar de sus nietos y nietas mientras va creando hilos de algodón, el abuelo wayuú está en la casa mientras realiza sus tejidos de mecates; él tiene sus nietos, sobrinos son los que se encargan de llevarle algo de comida, no lo hacen limosnear por los caminos para conseguir que comer. Los niños y las niñas no tienen nada que hacer caminando por fuera de sus casas; cuando son lo suficientemente grandes es cuando salen a caminar para conocer el territorio por donde andan sus mayores, mientras son pequeños están en la casa, escuchando los jayeechi de arrullo de la abuela. Todos nosotros debemos quedarnos en casa para encontrar la manera de curarnos, no debemos estar pendientes para que el Alijuna nos mande la cura. Debemos retornar a nuestro origen, a nuestros pensamientos primigenios para encontrar de nuevo esa cura que nuestro abuelo Juya’ nos dejó, nuestra abuela Mma´ enseñó a los wayuú de antaño; en principio sabemos que debemos bañarnos con agua caliente que contenga la esencia de la planta samuttapai, maluwakat, polokot, kapüchirapana, también debemos estar bajo el calor del abuelo ka´i, sol. 

Hace mucho tiempo según relatan los wayuú ancianos de hoy, los wayuú de aquellos días padecieron una enfermedad llamada Jokoroy, aquella wanülü duró dos años golpeando la vida de los wayuú; en esos días el Alijuna no llegó a llevarles comida, agua, medicina, hoy en día pedimos todo lo que necesitamos, a pesar que estamos en nuestras casas, en nuestros territorios, parece ser que todos nosotros estamos plagados de la pandemia de la flojera, encima de eso, ya no queremos alimentarnos con lo que ofrece la vegetación de nuestra geografía; sospecho que hemos olvidado de lo que somos, por eso nos burlamos del mensaje de Lapü.

El Alijuna no está pendiente de nosotros, él está pendiente de sus riquezas, y sus riquezas es vender lo que hay dentro de nuestros territorios, ya lo ha hecho con la müshaisha, carbón; ha vendido süchimma´, río, para que desviaran su cauce y por esas razones se ha perturbado el mundo de la fertilidad de nuestros suelos, las huertas fuente de nuestra autonomía alimentaria se ha venido marchitando, porque la deidad perakanawaa ha sido violentada y desplazada por la presencia de sus máquinas de diésel; en estos momentos está pendiente a vender las fuerzas de joktai, es más, ya ha trazado los surcos donde va a sembrar los gigantes molinos de viento; lo ha hecho sin siquiera tener un diálogo con los dueños legítimos de los territorios, nosotros los wayuú. Jokoroy ha vuelto y se hace llamar ahora Covid-19, me parece que es momento de recogernos y reflexionar seriamente sobre nuestras vidas; es momento de recoger a nuestros niños y niñas, nuestros ancianos y ancianas de las trochas por donde pasan las Toyota que simboliza el poder de una sociedad consumista y devoradora, la línea del capitalismo nos ha aplanado tanto que veo con tristeza las arrugas de nuestros mayores, llenas de polvos de arena y sus ojos lagañosos lagrimeando de hambre y de sed.