¿Y volverán los candidatos golondrina?

El sistema electoral, con la circunscripción nacional de Senado, fue de los cambios importantes incluidos en la Constitución.

En efecto, dice el artículo 171 que “El Senado de la República estará integrado por cien miembros elegidos en circunscripción nacional. Habrá un número adicional de dos senadores elegidos en circunscripción nacional especial por comunidades indígenas”.

Es decir, 102 senadores a los cuales se agregaron otros 5 con ocasión del Acuerdo de paz, para un total de 107 senadores que hoy integran esa corporación.

El objetivo de la modificación es que las pequeñas fuerzas políticas puedan lograr una curul de manera más fácil, consiguiendo votos en todo el país, para romper el bipartidismo y el clientelismo político, y por ahí derecho acabar la corrupción.

Ni lo uno, ni lo otro, ni nada. El remedio resultó peor que la enfermedad, la corrupción está nadando por todas las aguas de la estructura del Estado, al punto que se necesita decretar el estado de cosas inconstitucional porque los hechos de corrupción salen hasta por el tubo del agua.

Nada ni nadie se salva. Las críticas a la circunscripción nacional apuntaron a que se corría el riesgo de que algunos departamentos llegaran a quedar sin representación en el Senado, y el tiempo les dio la razón porque se han llevado a cabo 8 elecciones, y hay departamentos que nunca han tenido esa representación.

Sin embargo, el Acto Legislativo 01 de 2003 introdujo algunas modificaciones de relativa importancia, a partir de la inclusión de conceptos como el umbral, la cifra repartidora, las listas cerradas y listas semi cerradas.

Pero con esos ajustes no han cambiado las costumbres políticas, no se han acabado los feudos y, sobre todo, las minorías no han jugado en igualdad de condiciones.

Concentrando los efectos en el espectro político de La Guajira, la mejor decisión para acabar con esa atomización electoral es que los guajiros nos concienticemos de la necesidad de elegir nuestros propios representantes en el Senado, porque los candidatos foráneos han tomado a La Guajira como el trompo de poner para sus intereses politiqueros.

Llegan como las golondrinas que pican y se van, para volver en la siguiente primavera.

A La Guajira llegan candidatos de todas las pelambres a buscar votos, y nunca han asumido una responsabilidad con los intereses del departamento, ni siquiera defienden los proyectos de desarrollo que La Guajira necesita, como quedó en evidencia con el tren regional del Caribe.

Hay que asumir por convicción la elección de senadores guajiros para La Guajira, y volver a los tiempos cuando fueron elegidos senadores Amylkar Acosta y Jorge Ballesteros, guajiros de hacha y machete; para votar con reflexión y en defensa de la idiosincrasia.

De acuerdo con el censo electoral que se tuvo en cuenta para las elecciones de 2018 La Guajira tiene un registro aproximado de 580 mil personas en capacidad de votar, y de ese potencial de sufragantes fueron a las urnas un poco más de 300 mil personas, lo cual indica, pensando con el deseo, que el departamento de La Guajira está en capacidad de elegir a tres senadores. De los cuales los alijunas pueden elegir dos senadores, y las comunidades indígenas pueden elegir un senador.

Pero claro, el llamado también es para los directoristas departamentales de los diferentes partidos políticos en La Guajira, que deberían dejar de estar negociando la representación electoral con candidatos foráneos; esos candidatos golondrina que llegan, pican y se van, para volver en la siguiente primavera, y llegan sin ningún compromiso porque con su plata dejan todo resuelto.

Los candidatos golondrina llevan a cabo su largo vuelo por varias regiones del país gastando millones de pesos para asegurar la elección, y pasadas las elecciones no tienen compromisos con nadie porque su curul no se la deben a nadie, en razón a que la han comprado con sus millones, los cuales tienen que recuperar de cualquier forma.

Cada vez se hace más necesario modificar el sistema de representación en el Senado de la República, para adoptar una composición en la cual haya un senador por cada departamento, y los otros setenta sean elegidos por circunscripción nacional.

Ese día se acabarán los candidatos golondrina que llegan a picar en la época electoral y luego se van para volver en la siguiente primavera.