‘Yiya’

Si hay una muerte que me ha dolido es la de Eduvilia Pareja de Lacouture, por lo sorpresiva e inesperado, no hace muchos días la visité en Villanueva en compañía del ermitaño Alfonso Acosta Daza, charlamos con ella y con Gonzalo, su esposo, dentro de un delicioso ambiente en donde como siempre fue el centro de atracción, con su amplia sonrisa y sus apuntes oportunos y graciosos, porque ella como buena exponente de la familia Pareja, era como ellos, cherchista y oportunos para mantener a uno contagiado de su alegría. Estaba radiante y llena de vitalidad, pero la parca es así, sorpresiva y cruel y para morirse el único requisito es estar vivo.

‘Yiya’, así le decíamos todos sus amigos desde chiquitos, era parte esencial de nuestro grupo al lado de mis hermanos Doris, su comadre, ‘Tico’, Rolando y Dina, Mañiño, Rubén, Alicia y Chita Orozco, Etilvia, Augusto ‘El Doromo’ y Mundo Orcasita, Alberto, Andresito, Cecilia y Magola González, ‘Kiko’, ‘Chin’ y ‘Pundo’ Ferreira, Hildegar y Virginia Ovalle, Dario y ‘El File’ Dangond, Enilda su tía, y Betty Meza, y sus hermanos Alcides y Ramiro, jugábamos en los pationes comunes de las casas como una sola familia y así como familiares la queríamos; su casa era el centro atendidos por su inolvidable mamá Presenta Pareja, quien a veces hacía las veces de mamá de todos.

Ayer se nos fue, seguro al seno de Dios, porque seres de esos no pueden ir a otra parte, jamás la vi pelear con nadie, ni siquiera de mal genio, era servicial y atenta en extremo, buena familiar y una magnifica esposa que supo hacer feliz a mi gran amigo y hermano Gonzalo Lacouture y le dio dos retoños que hoy brillan en el ámbito local, ‘Gonzalito’ y Luis Fernando y me imagino cómo sería de abuela, pues si con todo mundo era como era, que tal con los nietos que hacen con uno lo que les da la gana. Bueno, se nos fue Eduvilia, la querida ‘Yiya’, Villanueva, mi pueblo del alma pierde a uno de sus habitantes más queridos, pero el más golpeado con semejante trancazo es Gonzalo, ya que medio siglo de vida matrimonial con momentos felices y ratos malos no se olvidan jamás; me aterra pensar en su soledad, porque uno con el tiempo se convierte en un apéndice de su mujer para todo y a esta edad ya no esperamos sino morir para irle a hacer compañía. Afortunadamente yo todavía tengo a mi Mercy, vivita y coleando, y ojalá Dios no me la quite sino después de que yo me haya ido, no se para dónde, pero de que me voy, me voy.

‘Gonza’, ‘Gonzalito’, ‘Luisfer’, ‘Chava’, Ramiro, ‘Ety’ y ‘Tan’, reciban un fuerte abrazo de condolencias por la desaparición de Eduvilia, mi ‘Yiya’ e inolvidable amiga. Paz en su tumba.