Con una lucidez admirable, la barranquera Rosa Padilla Rosado llega a sus 101 años de vida

Una mañana del 31 de agosto de 1919 en una casita del corregimiento de Papayal, zona rural de Barrancas, La Guajira, nació Rosa Florentina Padilla Rosado, con la ayuda de Dios y de una “comadrona”.

En Papayal creció junto a sus papás y su hermana mayor, hasta que emigraron al municipio de Hatonuevo en busca de una mejor calidad de vida, allí terminó su infancia y comenzó a vivir su juventud, esa misma que disfrutó entre bailes y sanas, correrías entre un pueblo y otro, que como ella misma relata: “Eran tiempos donde todos nos conocíamos y no se corría tanto peligro”.

Y fue en uno de esos bailes donde conoció al amor de su vida, el gran José María Duarte Díaz (q.e.p.d), oriundo de Hatonuevo, quienes en una relación basada en el amor y el respeto, tuvieron 10 hijos y 2 hijas de crianza, de los cuales sobreviven 7.

Rosa siempre fue una mujer visionaria, con ganas de salir adelante y con todo el vigor y entereza para sobreponerse a cada una de las pruebas que le ha tocado afrontar.

“Recuerdo que en el mes de noviembre del 1951 con el último hijo que habíamos tenido hasta ese momento de 7 meses de nacido, le dije a Chema, vámonos a un lugar donde podamos vivir mejor porque necesitamos sacar a nuestros hijos adelante”, dijo con mucha lucidez.

Y en ese tiempo qué mejor lugar para vivir y trabajar que la frontera con Venezuela; es entonces cuando deciden irse a vivir a Paraguachón, del cual prácticamente fueron fundadores, porque según cuenta, cuando llegaron solo había 4 casitas, de las que describe con nombres y apellidos quiénes vivían en cada una de ellas.

“En una vivía el señor Juan Manillo el papá de la Chacha, Antonio Ventura, Juana Deluque, en la otra vivía Eusebio Oñate y la del Cachaco”. 

En estas tierras duraron alrededor de 7 años, donde su esposo se dedicaba a la siembra de tabaco, tomate, realizaba trabajos de alfarería en un horno construido por ellos mismos, trabajaban la madera en un improvisado aserradero y hasta hicieron una canoa para poder transportar a las personas que de Venezuela venían a Colombia y viceversa. “Viví feliz y como una reina porque no me faltaba nada”, señaló.

En esa época nació uno de sus hijos, el más carismático, el que por muchos años alegró e hizo palpitar el corazón de muchos cuando a través de los micrófonos radiales le brindaba a la audiencia que lo solía escuchar muchos “champu de cariño y codazos de honor”, el siempre recordado Álvaro Luis Duarte Padilla (q.e.p.d).

Continúa buscando en sus intactos recuerdos y encuentra en uno de ellos que en el año 1957 se fue a vivir a Maicao y expresa con tal seguridad que el señor Amancio Romero fue el primero que limpió la calle donde hoy se encuentra ubicado el supermercado ‘Mi Ranchito’ y allí comenzó a construir.

Dice que en ese entonces Maicao comenzaba en el sector que hoy es conocido como la zona bancaria y que exactamente donde hoy está ubicada la Nueva EPS quedaba el Hotel y Restaurante Rosita (donde empezó a trabajar y recibía como sueldo 40 centavos) y terminaba en el popular sector del ‘El triángulo’ (donde hoy queda el almacén ‘Baritelas’), donde el señor Emilio Moscote tenía una “botica” (así le llamaban a las droguerías). 

Sigue caminando en sus recuerdos y dice con una expresión de añoranza que donde vivió por primera vez fue en la carrera 17 entre calles 11 y 12, por donde una vez quedó la reconocida  panadería Uribia.

“Ahí pagaba de arriendo 20 centavos”. Luego su mamá compró un solar que estaba ubicado en la carrera 18 entre calles 10 y 11 en lo que hoy se conoce como parte del sector del mercado público.

Cabe anotar que en ese entonces este aun no existía y por allí solo había una casita de barro con techo de palma en toda la esquina de la carrera 18 con calle 10, fue en este lugar donde nacieron sus 2 hijos menores y algunos de sus nietos; allí vivieron muchos años hasta que un día tomó una vez más la decisión de mudarse a otro lugar, con la firme intención de hacer de sus hijos unos profesionales y es cuando decide irse a vivir a Barranquilla, donde abre un pensionado y con eso se ayuda para pagar los estudios universitarios de sus 3 hijos menores, allí dura 5 años y retorna nuevamente a su amado Maicao.

Esta mujer llena de una vitalidad impresionante, una lucidez admirable, una memoria envidiable, se pone a sacar las cuentas y dice: “bueno, yo en total tuve 10 hijos paridos y 2 de crianza, 28 nietos, 52 bisnietos,  y 9 tataranietos”… los que hoy la honran y se sienten orgulloso y privilegiados de tenerla.