Diandra Iguarán Guerra: más allá del cáncer de mama está la sanación

Las  mujeres guajiras tienen un poder universal abrazado al mar, al río, a la pluriculturalidad, a la biodiversidad y ancestralidad de una tierra que es vientre fructífero, que es uterina, femenina y cabeza de un país. Mujeres que no solo existen desde la (condicionante) resiliencia, sino desde la libertad de trascender a universos espirituales, viviendo su ser desde la plenitud y activando conscientemente el poder que tienen. 

En este mes que se conmemora la lucha contra el cáncer de mama, es muy especial hacer un homenaje a la memoria de quienes han partido y de aquellas que han sobrevivido y se comprometen con el bienestar siendo misioneras de la sanación propia y de los demás. Por ello dedico estas letras a Diandra, quien es un ejemplo de mujer poderosa, es un ser de luz que ha comprendido que la existencia es estructuralmente espiritual y que somos más que cuerpos materiales y limitados.

Mujeres como ella no se quedan en el dolor sin aprendizajes, en la tristeza sin reinventarse, ni en los desafíos sin crear senderos transformadores.Me inspira escribir sobre esta poderosa mujer guajira, a la cual tengo el honor de llamar amiga y con quien se aprende montones en cada diálogo.

Diandra es esposa, madre, hija, soñadora, lideresa, creadora y guía; tiene el título de guerrera, venció un cáncer a sus 34 años de edad, diagnóstico que recibió a los pocos meses de dar a luz a su segundo hijo.

“La vida me puso una prueba bastante difícil amis 34 años, mi bebé apenas te- nía cuatro meses de nacido y fui diagnosticada con cáncer de mama. Me tocó asumir ese diagnóstico y vivir la maternidad, pero a pesar de que era muy difícil, ese fue mi motor y la rueda que me ayudó avanzar en esa circunstancia de la vida, él es mi ángel porque gracias a amamantarlo descubrí el cáncer”.

Durante su camino de sanidad encontró la llave que Dios pondría en su camino para abrir la puerta a una vida más significativa y llena de propósito. Razón por la cual creó un blog llamado  ‘Solo es cáncer’,  espacio donde documentaba todo su proceso y enviaba mensajes de fe y esperanza a las mujeres que atravesaban por esa misma enfermedad.

Durante su travesía con la enfermedad, decidió realizar sus primeros estudios como experta en coaching; lo que le permitió crear su marca personal como ‘Diandra Iguarán Guerra, coach de vida y bienestar’, así como abrirles paso a otras mujeres en su búsqueda de sanidad física e interior. Se certificó como coach de nutrición en el Instituto de Nutrición Integrativa de Nueva York. Además, ha realizado diplomados y cursos en adaptógenos, ayuno intermitente, entre otros. 

Actualmente brinda asesorías de Bienestar Integral y tiene una página web, www.diandraig.com, dedicada al bienestar integral donde además de prestar sus servicios como coach, ofrece productos naturales como su línea de mezclas de aceites esencia que ayuda a restaurar y optimizar nuestra salud física y emocional. 

Desde su experiencia se ha encargado de trabajar con mujeres que en su mayoría son madres que están atravesando por la misma enfermedad y que a veces no entienden porqué les tocó pasar por una situación tan compleja.

En diciembre de 2020 publicó un libro titulado “Tengo cáncer ¿Y ahora qué?”,  en el cual cuenta experiencia con el cáncer, además, revela detalles y herramientas de sanación poderosas por medio de la mente, la fe y el cuidado integral.

“Yo siempre digo que el diagnóstico lo puede decir un médico, pero el pronóstico viene de Dios. Nadie puede dictaminar tu vida ni sentenciarte. Dios tiene un propósito de vida para cada quién, yo fui entendiendo poco a poco el mío y siempre lo comparo con todo el proceso de transformación que vive la mariposa, que es doloroso, pero al final es el momento en el que abre sus alas para volar y tal cual eso fue lo que viví yo”.

La historia de Diandra nos confirma que más allá del cáncer de mama hay mujeres poderosas, resilientes, sanadoras y creadoras, que van por el mundo iluminando senderos, unas desde el cielo y otras desde su misión terrenal de sobrevivientes como ella, una mujer que día a día teje esperanzas, nuevas realidades y esparce amor en todo lo que hace.

Gracias Diandra por ser luz para muchas vidas y recordarnos que la fe, el autocuidado, el amor propio y la consciencia del ser, pueden cambiar cualquier diagnóstico, seguimos firmes encendiendo infinitas luces en este universo que merece sanación y rehumanización.