El Genoma, ‘el manual de Dios’

¿Puede un ser inteligente comprender las instrucciones informáticas con que lo fabricaron y luego construirse a sí mismo? John Sulston.

La primera premisa se puede contestar afirmativamente porque las ciencias de la vida ya comprenden exactamente las instrucciones informáticas con que son fabricados todos los seres vivos de este planeta, incluyendo a los humanos, faltaría esperar a ver si la humanidad sería capaz de construirlos  en un laboratorio.

El manual de instrucciones para fabricar humanos viene escrito en un libro de 3.200 millones de letras de ADN (ÁcidoDesoxiNucleico). Cada palabra genética es una secuencia corta de ADN. Varias palabras de estas ¡obvio! forman una oración genética. Esta oración es un comando, una orden imperativa escrita en letras de ADN para que el organismo fabrique las cosas y sustancias que hacen posible la vida. Por ejemplo: ¡fabríquese insulina! Fabricar insulina (una proteína) es una unidad informática de instrucción biológica, única e indivisible llamada gen:

Los genes vienen empaquetados en 23 pares de estuches; cada par está formado por un estuche materno y uno paterno.

Cada especie (biodiversidad) tiene su propio libro, su propio manual de instrucciones, su propio código genético. Su propio genoma. Su propio Manual de Dios.

¿Qué es un cromosoma?

Es el estuche donde se guardan los genes. Allí vienen comprimidos como cuentas de collar. —O mejor, como pepas de jamanar, cañafístula o cañandonga, una fruta silvestre muy común en los patios de la costa Caribe—. Entonces, el genoma humano consta de 23 pares de cromosomas o jamanares microscópicos, abrazados dulce y ardorosamente.

¿Por qué la información genética viene en pares de cromosomas?: Porque la transmisión de la información genética de padres a hijos no termina en la urgencia irresistible de un simple orgasmo. Los genes no son ingenuos. Su ansiedad sexual desaforada, contenida en espermatozoide y óvulo, continúa en otra danza amorosa mística y sublime, hasta unirlos por parejas de cromosomas durante la concepción. Este ineluctable y amoroso apareamiento cromosómico, sucede porque las instrucciones informáticas que hereda un embrión para construir desde cero a un hijo, fluyen en proporciones iguales del padre y de la madre. En este apareamiento, genes maternos y paternos equivalentes, quedan irrevocablemente junticos para que se sigan amando e intercambiando información, proceso que los genetistas llaman recombinación genética.

Los genes, ‘los arquitectos de Dios’ son eternos. ¡Los genes no mueren, saltan de una generación a otra!  El tiempo, como en Macondo, no les pasa, les da vueltas en redondo. Viajan inmutables, de padres a hijos, intactos, embutidos en un cromosoma materno o paterno.

Los genes, como los átomos, son unidades de materia, como los bytes son unidades informáticas indivisibles, y como la gravedad, son órdenes imperativas de la naturaleza.

Los genes viven presos en un búnker. La información genética, el genoma, no tiene contacto con el mundo exterior. Los genes viven enclaustrados en sus estuches cromosómicos, protegidos y resguardados dentro del núcleo celular, una fortaleza inexpugnable desde donde dan órdenes estrictas de existencia, supervivencia y reproducción al mortal y desechable ser al que pertenecen. Los genes ordenan fabricar, parte por parte, el nuevo cuerpo y todas las sustancias (proteínas, grasa y carbohidratos) que harán posible su desarrollo, funcionamiento, mantenimiento, defensa y comportamiento (embriología, anatomía, fisiología y metabolismo).

El ARN, ‘el mensajero de Dios’. El ARN mensajero (Ácido Ribo Nucleico) es producido por el genoma, con la única y expresa intención de que copie sus imperativas órdenes genéticas, las saque del búnker (núcleo de la célula) y las lleve a la zona industrial de la célula (ribosomas) para que fabriquen todas las materias y sustancias corporales (proteínas) que necesitan los individuos de una especie para ser ella misma. Cumplida esta misión, cual cometa fugaz, desaparece.

Las instrucciones informáticas para construir todos los seres vivos de la Tierra utilizan el mismo idioma: el sistema ADN/ARN.

¿Qué es ser humano?

Son 95 palabras castellanas escritas en 21 mil genes, su genoma: Individuo biológico —único e irrepetible—, que: piensa, recuerda, aprende, habla, se mueve, coagula, cicatriza, se inflama, se defiende de virus, hongos, bacterias y parásitos. Se emociona, tiene pasiones altas y bajas y sentimientos nobles y ruines. Socializa y se comporta. Tiene capacidad para hacer arte, música y literatura. Es sensible, sueña, ríe y llora. Es él mismo: tiene identidad, subjetividad, auto conciencia, libre albedrío y raciocinio. Desea, goza, sufre. Siente miedo, dolor y vergüenza. Ve, huele, oye, gusta y respira. Nace, se reproduce, existe, vive, sobrevive y muere. Duda, es imperfecto y busca la felicidad.

Este individuo humano, cual ente biológico, es el ladrillo fundamental con que se fabrica el mundo que le toca vivir: familias, tribus, clanes, sociedades, culturas, religiones, idiomas, naciones, Estados, Imperios y civilizaciones.

El destino de una especie depende de las proteínas que sea capaz de fabricar. La pequeña diferencia genómica del 2% entre un homo sapiens y un chimpancé, se multiplica exponencialmente, y se ve reflejada en la inmensa capacidad mental y en algunas pocas diferencias anatómicas. El aparato cognitivo del cerebro humano tiene más genes capaces de controlar el desarrollo y la informática neuronal. Esas diferencias evolutivas existen porque el genoma humano es capaz de ordenar a su RNA mensajero que fabrique las proteínas mentales y corporales para que eso, así sea.

¿Qué es el proteoma?

Es el conjunto de todas las proteínas que un genoma es capaza de fabricar. El proteoma (conversión del genoma en proteínas), es lo que mueve, lo que siente, lo que sostiene y hace funcionar al mundo biológico; incluyendo lo que siente, lo que sostiene y hace funcionar a un ser humano. De esta manera, el destino de las millones de especies —biodiversidad que llaman—, es distinto, porque distinto es su genoma, y por consiguiente, su proteoma. Los genes contienen las recetas precisas para hacer las proteínas precisas: los ladrillos de la vida funcional. Los genes además se encargan del manejo energético del organismo, para ello ordenan la construcción de grandes depósitos de combustible biológico, que llenan con grasa y carbohidratos.

¿Qué es un virus?

Un virus es un genoma envuelto en una capa de proteína, su proteoma, pero bonsái. Seiscientas mil veces más pequeño que el genoma humano, un virus es el más ínfimo quantum de vida biológica. Pero aun así, igual que un “súper humano”, es, existe, vive, sobrevive, y muere, pero su descendencia es infinita. Este éxito vital se debe a que sus poquitos genes (diez tiene el de la Covid19), como todos los genes, también son eternos; y saltan, como langostas hambrientas por millones de copias de copias de copias por instante, intactos y orondos de célula en célula y de generación en generación, parasitando y matando en bárbara tropelía inflamatoria a los organismos serviles que se cruzan en su camino.

Un virus es “una suerte de mal augurio envuelto en una capa de proteínas”, así lo describió el inmunólogo Peter Medawar.

Y Siddhartha Mukherjee dice: “Cuando un virus penetra en una célula, se quita la capa y empieza a utilizar la célula para copiar sus genes y fabricar nuevas capas, y el resultado son millones de nuevos virus que salen de la célula”.